"LA PLAYA DE MARIANAO Y LOS GRANDES CLUBES QUE EXISTIERON EN LA ZONA"

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Allá por los primeros años del siglo pasado, cuando el auge de las tarjetas postales, la parte oeste de la ciudad de la Habana, situada más allá del río Almenares, se encontraba prácticamente despoblada y alejada de los perímetros urbanos. Sin embargo, como mucho ha sucedido en la historia de las grandes ciudades estaba llamada aquella zona, por entonces distante y olvidada, a convertirse con el paso del tiempo y el desarrollo de la república en una de sus áreas más preciadas y exclusivas. Debido a sus playas, poco extensas pero únicas, y a sus grandes facilidades de urbanización poco a poco fueron surgiendo en sus inmediaciones los mejores repartos y edificaciones de la cuidad así como grandes clubes con magníficas instalaciones que patrocinados por la burguesía y asentados en su litoral marcaron hitos en la vida social habanera.
Como testigos y recuerdos de este período de surgimiento y desarrollo de la zona han quedado algunas tarjetas postales, emitidas más bien en la década del veinte, que aunque no tan abundantes y con la calidad de aquellas de inicios de siglo, nos ayudan a reconstruir dicha etapa a través de vistas de las edificaciones que iban surgiendo y de la vida en las playas con escenas de sus muelles, bañistas, actividades náuticas, etc. A ellas dedicaremos esta página.
Para una mejor comprensión de las imágenes que presentaremos incluimos a continuación una ligera reseña relativa a la historia de esta parte de la ciudad así como de los grandes clubes a que dio albergue.

LA PLAYA DE MARIANAO.
Existen distintas versiones sobre el origen de la palabra Marianao. Una de ellas le atribuye su procedencia a la voz del dialecto siboney Mayanabo, que significaba “junto al agua” y era el nombre dado por los indios a los pueblos levantados a orillas del mar y de los ríos.
Pero otra versión, más histórica y explícita, narra que a mediados del siglo XVI, cuando apenas se había trasladado, desde la costa sur hasta la llamada bahía de Carenas la incipiente villa de San Cristóbal de la Habana, algunos de sus vecinos decidieron levantar sus viviendas más allá de la Chorrera (el hoy río Almendares), en una zona surcada por el río Quibú y rodeada por las lagunas Caimán, Quibú y Guabina. Entre estos primitivos pobladores se hallaba una emprendedora mujer, de origen portugués, llamada María Nabo, o María Nao, que solicitó y recibió del Cabildo la merced de aquellos terrenos de lagunatos salobres y enmarañados manglares, que luego logró convertir, tesoneramente y con el auxilio de los propios vecinos, en un caserío casi primitivo, al que se dio el nombre de caserío de María Nabo.
Aquel pequeño poblado resultó invadido varias veces por los piratas y corsarios que infestaban los mares antillanos y asaltaban sus poblaciones costeras, obligando a sus humildes vecinos a esconderse en la manigua y contemplar con desesperación la destrucción de sus hogares.  Hasta un día, a comienzos del siglo XVII, en que la propia María Nabo hizo construir en el  punto más saliente de la costa un torreón de vigilancia, y estableció en él una guardia permanente para observar el horizonte día y noche.
No sabemos qué más sucedió en aquel lugar, pero según esta versión, de aquel caserío de María Nabo surgió el nombre actual de Marianao. Y fue aquel sitio el germen de la futura población que fue creciendo paulatinamente y que con la incorporación de los poblados vecinos de Wajay, Los Quemados, La Ceiba y otros caseríos menores, se constituyó en Ayuntamiento el 21 de junio de 1812.
Un hecho trascendental que contribuyó al rápido crecimiento poblacional del territorio fue el hallazgo de un manantial, cerca del río, cuyas aguas al ser analizadas se declararon con excelentes condiciones medicinales, y que recibió desde los primeros momentos el nombre de “El Pocito”. Este lugar se convirtió de inmediato en un lugar de veraneo que le dio a Marianao un mayor renombre y al que comenzaron a afluir familias acomodadas de La Habana que construyeron allí residencias para pasar largas temporadas, hasta que muchas de ellas se radicaron definitivamente en aquel lugar.
Uno de aquellos pequeños núcleos poblacionales que conformaron el primer Ayuntamiento fue el caserío de La Playa, donde también se asentaban los vecinos atraídos por las delicias de los baños de mar, y que igualmente comenzó a ser visitado por las familias residentes en los alrededores de “El Pocito”, incrementando el fomento y desarrollo del lugar.
En marzo de 1848 se estableció la primera línea de diligencias con servicio diario, demandada por la afluencia cada vez mayor de temporadistas de La Habana a Marianao. Y en junio del propio año se construyó una Glorieta  con el propósito de que sirviera de centro de baile y distracción, inaugurada con solemnidad por distinguidas familias habaneras, y que atrajo de inmediato hacia el poblado a la juventud capitalina que se desplazó con placer hacia aquel atractivo sitio.
En 1857 se estableció en la Glorieta un escenario donde se efectuaban los jueves y domingos representaciones teatrales, muy concurridas y aplaudidas por los vecinos y visitantes que asistían al lugar. Y en el propio año se constituyó la “Sociedad de Fomento de Marianao”, que contribuyó de modo notable a la prosperidad del territorio. Una de sus primeras obras fue la construcción, dado el interés despertado por las funciones teatrales, de un teatro que recibió el nombre de Teatro Concha (por el Gobernador General Don José Gutiérrez de la Concha), levantado en el mismo lugar que ocupaba la Glorieta, la cual fue demolida.
Otra de las obras de gran importancia de la Sociedad de Fomento de Marianao, autorizada por el Gobierno desde 1857, fue la construcción del Ferrocarril de La Habana a Marianao, inaugurado el 19 de junio de 1863 por el Gobernador General Don Domingo Dulce, que contribuyó de modo notable al desarrollo del territorio.
Veinte años después, en 1883, la afluencia de veraneantes habaneros a los sitios de recreo  de Marianao había aumentado considerablemente y el Gobierno se vio en la necesidad de mejorar las vías de acceso a esos lugares, por lo que a principios de ese año comenzó la construcción del Ramal del Ferrocarril a la Playa, obra que fue inaugurada el 22 de marzo de 1884 y con la cual el territorio dio un nuevo paso de avance hacia el progreso de Marianao.
En 1886, un grupo de jóvenes habaneros, amantes de los deportes náuticos, dieron inicio a la verdadera prosperidad de la Playa, con el establecimiento de una sociedad denominada Habana Yacht Club, que en un principio no contaba con una sede social propia y celebraba sus reuniones en una vivienda privada, hasta que en 1893 se constituyó la “Sociedad de Fomento de la Playa de Marianao” y esta pudo construir al año siguiente la sede del club.
En los años subsiguientes y los primeros tiempos republicanos, la Playa de Marianao, que tanto prometía por sus excelentes condiciones para ser uno de los lugares de mayor atracción en los alrededores de La Habana, fue entregada a su propia suerte y abandono.
Finalmente, el 25 de octubre de 1916 se dio paso a la renovación de aquel sitio con la adjudicación a la “Compañía Urbanizadora de la Playa de Marianao” de un proyecto para la construcción de un gran Parque de Diversiones y Residencias. Junto a ello, como era de esperar, las zonas adyacentes se fueron parcelando y cubriendo de bellas residencias y espléndidas avenidas, para satisfacción de una pujante burguesía que encontró en dicha zona, bendecida por la naturaleza con su proximidad al mar y sus bellezas naturales, el sitio ideal para su asentamiento.
El parque de diversiones fue terminado por dicha compañía e inaugurado, con el nombre de Coney Island Park, el 5 de diciembre de 1918. Cuatro años más tarde, el 24 de junio de 1922, se abría al público el elegante Balneario de la Concha. Fueron estos dos centros, más el ya establecido Habana Yacht Club, los que mayor esplendor dieron a la modernización de la Playa de Marianao, convertida en el principal sitio de recreación y esparcimiento de la capital. Sin embargo a la par de ellos surgieron otros muchos como el exclusivo Country Club con su famoso campo de Golf, el Miramar Yacht Club, el Club Náutico de Marianao, etc. todos los cuales contaron con grandes cantidades de asociados y bellas edificaciones generalmente junto al mar. Veamos la historia de algunos de ellos:

EL HABANA YACHT CLUB

Los primeros tiempos
Las sociedades deportivas habaneras, algunas de ellas creadas en los tiempos coloniales, fueron un motivo de legítimo orgullo para la capital, en una época en que el cultivo de los ejercicios físicos tuvo una gran trascendencia en las clases aristócratas de aquellos tiempos, cuyos hombres buscaban, a través del deporte, el desarrollo corporal de los más jóvenes y el merecido descanso de los mayores, después de sus labores habituales de oficina.
En 1886, un grupo de esos jóvenes, aficionados a los deportes náuticos y las excursiones, que casi siempre terminaban en la antigua Concha, en la playa de Marianao, celebraban sus reuniones todos los domingos en una pequeña casa de madera que poseía en las cercanías de aquel lugar, para su recreo veraniego, el ciudadano británico Joseph White Todd, quien gustosamente les ofrecía su hospitalidad, y en una de esas tertulias surgió la idea de constituir un club deportivo con el fin de dar organización legal a sus actividades.
Aceptado el proyecto por todos los miembros del grupo, se celebró un almuerzo el domingo 26 de octubre de aquel año, en el que se acordó reunirse de nuevo el día 29 del propio mes en la casa de la calle Virtudes número 75, donde residía uno de aquellos jóvenes, Antonio Bollag, y en esa ocasión quedó constituida oficialmente la sociedad, a la que dieron el nombre de Habana Yacht Club y que tendría como lugar de reunión la casa del señor Todd en la playa de Marianao. 
Los trece jóvenes deportistas que participaron en aquella reunión y que se convirtieron en socios fundadores fueron Carlos F. Carbonell, Antonio Bollag, Ernesto A. Longa, A. Crawford, Luis Pedemonte, Tomás Collazo, Ramón Juliá, Ramiro López de Mendoza, Charles A. Salmon, Charles R. Todd, Antonio Moner, John P. Méndez y J. A. Malean.
También se consignaron como socios precursores del club, aunque no como fundadores, los nombres de Marcos Antonio Longa, Guillermo Collazo, Manuel Ajuria, Alfredo Deulofeu, Aurelio Granados, Roberto Orr y Raúl Cay, los que no estuvieron presentes el día de la constitución de la sociedad, pero contribuyeron a su fundación por ser integrantes del grupo de amigos que asistía los domingos a las reuniones en la casa del señor Todd.
La primera Junta Directiva quedó formada por los señores Alfredo Deulofeu, Comodoro; Ramiro López de Mendoza, Vice-Comodoro; Antonio Moner, Contra-Comodoro; Ernesto A. Longa, Secretario, y Manuel Ajuria, Tesorero.
El Reglamento, aprobado por todos los integrantes del Club, comenzó a regir en 1887, y se crearon dos comisiones permanentes, denominadas Comité de la Casa y Comité de Regatas, encargadas de las diversas actividades, y la inscripción legal, al número 149, libro primero, folio 50, del Registro de Asociaciones del Gobierno Provincial de La Habana, fue hecha el 20 de diciembre de 1888.
La cuota primitiva de la sociedad fue de $21.80 oro, al año, la que fue modificada en 1889, fijándose las sumas de $8.50 oro como cuota de entrada y $5.30 oro como cuota trimestral.
El club no tardó en adquirir cierta preponderancia por el elevado concepto en que se tenían a sus integrantes, y pronto empezó a transformarse de un simple lugar de reunión de sus socios en un centro de esparcimiento de las familias distinguidas que veraneaban en la playa, y su condición social trascendió a los niveles oficiales, siendo casi reconocido como una corporación nacional.
Un hecho significativo ocurrió en abril de 1888, cuando dos náufragos de un bote llamado “Lucrecia” fueron rescatados en alta mar por el yate ”Margarita”, de Ernesto A. Longa, lo que les valió a los yatistas Longa, Juliá, Gobell, Todd y Pol ser condecorados por el Gobierno Español de la Isla de Cuba y la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos.
Las autoridades reales españolas le concedieron al Habana Yacht Club la categoría de barco de guerra, con lo cual todo yate inscrito en dicho club tenía libre franquicia en los puertos españoles y recibía el saludo desde la plaza con el ritual acostumbrado. Por su parte, la Comandancia de Marina le autorizó a poner una corona en la bandera nacional, entonces española, al igual que se le permitía hacer a los clubes náuticos de la Metrópoli.

Las casas del Club
La sociedad se mantuvo instalada, en los primeros años, en la casa del señor Todd, pero ya entre 1891 y 1892, actuando como Comodoro el señor Aurelio Granados, se comenzó a pensar en la necesidad de una sede social más amplia. En un almuerzo que se celebró en 1892  se inició la primera colecta para la construcción de una nueva casa, con resultados altamente provechosos pues se llegaron a recaudar $50,000.00. Con esos fondos se dio inicio a la nueva fabricación en el mismo lugar de la antigua casa del señor Todd, para lo cual se constituyó en 1893 la Sociedad de Fomento de la Playa de Marianao, con su directiva compuesta por los socios del club Leopoldo Solá, Narciso Maciá y Teodoro Zaldo, respectivos Presidente, Secretario y Tesorero, más dos Vocales y dos Suplentes.
La Sociedad de Fomento de la Playa de Marianao se convirtió en propietaria de la casa y los terrenos donde ésta fue construida, y para concluir los trabajos hizo dos emisiones de bonos hipotecarios, una por un valor de $6,600.00 y la otra por $7,400.00, garantizadas con los bienes que poseía el Club. Con los fondos recaudados, más donaciones de algunos socios, pudo por fin quedar inaugurada, en 1894, la segunda casa del Habana Yacht Club.
Algunos de aquellos bonos fueron adquiridos por socios que los donaron generosamente al Club y el resto, hasta completar el total emitido en las dos series, fue saldado de su peculio propio por el asociado Carlos F. Carbonell, quien ejerció las funciones de Comodoro hasta su fallecimiento en 1916. La Directiva del Club le reconoció a Carbonell un crédito por el importe de los bonos que había adquirido y al liquidarle la deuda se convirtió el Club en poseedor de la totalidad de los referidos bonos hipotecarios, lo que le permitió, mediante un procedimiento sumario establecido en el Juzgado de Primera Instancia de Marianao, obtener en 1914 la propiedad del terreno y la casa que ocupaba en la playa de Marianao. En ese mismo año se terminó de pagar la casa del señor Todd, a la que se le había fijado en 1910 un precio de mil libras esterlinas, pagadero en cinco años con un tres por ciento de interés anual.
Al estallar la Guerra de Independencia el Club tuvo que recesar sus actividades por haberlo abandonado la mayoría de sus socios, unos por incorporarse a las fuerzas mambisas y otros en desacuerdo con las relaciones que se mantenían con las autoridades gobernantes en la isla. Para evitar su destrucción, el socio José Springer trasladó para la casa el Consulado Americano, que se mantuvo allí instalado desde 1896 hasta 1899, logrando de ese modo que el gobierno español respetara el lugar durante todo el tiempo que duró la contienda libertadora.
Finalizado el dominio español en 1898, estuvo acampado en el Habana Yacht Club el Mayor General Mario García Menocal, Jefe del Quinto Cuerpo de La Habana y Matanzas, y como huéspedes de honor lo acompañaron el Mayor General Calixto García, de paso para la ciudad de Washington, el General Mayía Rodríguez, Jefe del Departamento Occidental, y el General José Lacret Morlot. Al fondo de la casa acampó la infantería del Ejército Libertador dirigida por el General Leyte Vidal, y a la izquierda, la caballería del General Pedro Delgado, la escolta del General Menocal y la columna voluntaria que este trajo de Oriente a Occidente.
En ese mismo año se celebró una fiesta en el Club, organizada por la señora Caridad Pedroso de Morales, en la que se tocó por primera vez el Himno Nacional, ejecutado por Hubert de Blanck y coreado por un grupo de distinguidas señoritas de la sociedad habanera.
En 1900 el Club recuperó su vida normal y celebró elecciones, en las que resultó electo Presidente el señor José Springer, a quien se le reconoció su meritoria actitud para proteger el Club durante los años de la guerra.
A partir de 1902, con la instauración de la República, el Club tuvo un crecimiento notable en su membresía a la vez que incorporó nuevos elementos para el disfrute de sus asociados, por lo que la edificación que ocupaba resultó pequeña y se hizo inevitable pensar en una nueva casa. A ese fin, en 1915, varios directivos comenzaron a laborar en un hermoso proyecto para dotar al Club de un edificio más apropiado y de acuerdo con las exigencias del momento. Para recaudar los fondos requeridos por la construcción se aumentaron las cuotas de entrada y mensual y a la vez se recabó la contribución de los propios socios, a fin de lograr fondos para la fabricación de una nueva edificación dotada de locales más amplios, para lo cual se comenzó por adquirir un terreno de 1500 metros situado al fondo del Club.
La construcción no pudo iniciarse de inmediato debido a varios problemas legales, el más grave de ellos consistió en que el Ayuntamiento de Marianao había aprobado un proyecto del Parque de Diversiones y Residencias de la Playa de Marianao, para el cual era necesario demoler el Club y expropiarlo para convertir sus terrenos en parte del parque de diversiones, la playa y la vía pública. En una Junta General Extraordinaria efectuada el 12 de noviembre de 1916 se acordó gestionar del Ayuntamiento la modificación de su proyecto y autorizar al Presidente para establecer recursos legales contra el referido acuerdo. Las gestiones fueron fructíferas y el Ayuntamiento aprobó, en sesión celebrada el 18 de diciembre del propio año, excluir a los terrenos del Habana Yacht Club de la concesión efectuada a favor del parque de diversiones.
Resueltas todas las dificultades legales y a los fines de recaudar nuevos fondos, se realizó en 1917 una emisión de bonos hipotecarios por un valor de $250,000.00, que se amplió el año siguiente hasta $350,000.00, a la vez que se fijó la cuota de entrada en $250.00 y la mensual en $8.00.
En el año 1919 se sacó a concurso la construcción de la nueva casa y resultó premiado el proyecto presentado por el arquitecto Rafael C. Goyeneche, a la vez que se dieron las más amplias facultades a la Directiva para ampliar la emisión de bonos hasta $500,000.00, la cuota de entrada a $500.00 y la mensual a $10.00, así como resolver sin limitación alguna todas las situaciones relacionadas con la fabricación. No obstante, esta última emisión no llegó a realizarse, y en 1921 se acordó desistir del propósito de la obtención de fondos mediante emisiones de bonos, pues se consideraba que ya el Club tenía suficientes recursos propios para asumir el costo de la nueva edificación.
En 1922, ocupando la Presidencia del Club el señor Charles Morales, se nombró Inspector de las obras al arquitecto Goyeneche y se adjudicó la construcción del edificio a la sociedad  norteamericana Purdy & Henderson por el precio total de $270,000.00. El 28 de mayo de 1922, en una sencilla ceremonia, se colocó la primera piedra de la que sería la tercera y última casa del Habana Yacht Club, que finalmente fue inaugurada el 17 de enero de 1925, siendo equipada con todo lujo mediante la adquisición del mobiliario, vajillas, platerías, lámparas, etc., en las mejores casas de Europa y los Estados Unidos.

La vida social en el Club
Al inaugurarse el nuevo edificio, el Club contaba con 1330 socios, distribuidos en 1041 Residentes, 249 No-residentes, 19 Vitalicios, 11 Honorarios y 10 Diplomáticos. De los Socios Fundadores, solo vivía uno, el señor Ernesto Longa, que figuraba como Socio de Honor.
Una gran preponderancia tuvo el Club en aquellos años como centro de actividades sociales de la aristocracia habanera y del propio Gobierno cubano. El día 9 de febrero de 1928 se celebró en sus salones una grandiosa fiesta con que la República de Cuba obsequió a los Jefes de Estado y funcionarios de las delegaciones que asistieron a la Sexta Conferencia Internacional Americana, efectuada ese año en la ciudad de La Habana. A partir de entonces, los representantes diplomáticos extranjeros acreditados en el país escogieron sus salones para la celebración de grandes fiestas en correspondencia con los honores que recibían de la sociedad habanera.
Muchos festejos se realizaban todos los años en cada nuevo aniversario, a los que asistía lo más distinguido de la aristocracia habanera de la época. También es de destacar la costumbre del Club, como un motivo más para festejar, de rendir homenajes a relevantes personalidades civiles y políticas del país, como el que efectuaron en 1955 en honor del General Mario García Menocal, mediante una placa que se colocó en uno de sus salones, en recordación de aquellos lejanos tiempos de 1898 en que Menocal acampó con sus tropas mambisas, al terminar la Guerra de Independencia, en los terrenos del  Habana Yacht Club.

Actividades deportivas
Como es lógico suponer, la principal actividad deportiva realizada en el Club estaba concentrada en los eventos náuticos. Las regatas de yates de vela y botes de remos que se celebraban todos los años en el país contaron desde su inicio con la participación de los más destacados deportistas del Habana Yacht Club, en permanente competencia con otros clubes náuticos de la época, en la que a menudo salían triunfantes. Uno de sus principales yatistas, Charles de Cárdenas, obtuvo el título de Campeón Mundial en la clase “Estrellas” en los años de 1954 y 1955, y representó a Cuba en la XVI Olimpiada en Melbourne, Australia.
Otro de los deportes en los que se destacaba el Club era en la natación, en la que obtuvieron también muchos trofeos, como el logrado en 1955, en la Competencia Inter-Provincias del Big Six, celebrada en la ciudad de Santa Clara, en la que participó el Club junto a otras sociedades locales en representación de la provincia de La Habana, y en la que sus muchachos, hijos de socios del Club, ganaron Medallas de Oro y Plata en la categoría de menores de 13 años.
Pero no solo el Club competía en los deportes náuticos. También se competía en los Campeonatos Nacionales de Tennis, primera categoría, por la Copa “Guzmán”, el más importante evento de su clase en Cuba, en los que obtuvieron un resonante triunfo en 1956, con un equipo capitaneado por el Comandante Andrés Pérez Chaumont.
Además se practicaba el fútbol entre los jóvenes, así como el boxeo y el béisbol, en categorías de menores de 13 años. En este último deporte se competía con otros clubes en los llamados Campeonatos del Big Five, en los que lograron el Segundo Lugar en el año 1955. También se brindaban ejercicios de Yoga a muchos socios que consideraban esa disciplina de gran utilidad para lograr un bienestar físico y espiritual después de sus labores diarias.

Final
El Habana Yacht Club, que cerró sus puertas en 1959, fue el más antiguo y exclusivista de los clubes náuticos que existieron en la playa de Marianao para el disfrute de la aristocracia habanera de la época. Hoy el edificio alberga al Círculo Social Julio Antonio Mella.

EL COUNTRY CLUB DE LA HABANA

El Country Club fue fundado por el norteamericano Frederic Snare el 14 de septiembre de 1911, en un lugar de Marianao conocido como la Finca “La Lola”, situada en una zona elevada de las proximidades de la capital desde donde se dominaba un extenso barrio en pleno desarrollo, que un tiempo después recibiría el nombre de Miramar. Era en aquella época un lugar algo inaccesible, pues para llegar al club los medios de transporte eran deficientes y las pocas calles susceptibles de ser utilizadas, aún sin pavimentar, se hallaban cruzando por el puente sobre el río Almendares, por la Calzada de Marianao y por el incipiente reparto. La otra vía posible, aunque no directa, era el tranvía de Marianao, que era un ramal de los Ferrocarriles Unidos de La Habana. No obstante, desde su establecimiento el club ejerció una considerable influencia en la urbanización y edificación del reparto y en el total asfaltado de sus vías de comunicación.
Los iniciadores del club fueron los norteamericanos e ingleses radicados en La Habana, quienes se interesaban por la posibilidad de abrir terrenos de golf, y uno de aquellos, el señor Frederick Snare, quien se dedicaba en Cuba a la construcción de obras de ingeniería, examinó prácticamente todos los terrenos desde el río Cojímar hasta Arroyo Arenas, y por último, tras descartar varias posibilidades de ubicación, se decidió por una elevación situada en las proximidades de la Playa de Marianao, dadas las viabilidades de los baños de mar, el terreno ondulado y su fácil acceso a la capital, previendo, con razón, que las condiciones se harían más propicias a través del tiempo.
De inmediato se contó con un grupo de influyentes socios del American Club, los señores Thrall, Johnson, Lychenheim, Huston, Alleyn y Horter, quienes suscribieron la cantidad de 500 pesos cada uno como fondo inicial para la construcción de un campo de golf, y en compañía del señor Snare y el señor Philip Hammond, ingeniero jefe de los Ferrocarriles Unidos de La Habana, seleccionaron mediante acuerdo mutuo el lugar más apropiado para la construcción del club. El propósito inicial consistía en construir una casa club en la Playa de Marianao o cerca de la misma, e incorporar los baños de mar a sus proyectos. Pero luego se desechó tal idea, inclinándose entonces al aprovechamiento de la Finca “La Lola”, próxima a la capital, que contaba con 125 acres de extensión, suficientes por sus condiciones en general para el desarrollo de los planes iniciales.
Los terrenos de la finca, propiedad de los herederos de don Segundo Alvarez, fueron adquiridos, con la cooperación de W. H. Whitney, por la suma de 25 mil pesos en oro español, y a fin de aprovechar la opción obtenida, el señor Frederick Snare adelantó el primer pago, por la cantidad de 5 mil pesos, lo cual constituyó la primera inversión realizada en el club.
Luego se contrató en los Estados Unidos un “greenkeeper” profesional (experto en el cuidado del césped), el señor Harry Stara, a fin de que ratificara el criterio sobre la posibilidad de adaptar los terrenos para un campo de golf, el cual, después de realizar una encomiable labor, dadas las condiciones existentes en aquella época con los terrenos cubiertos de malezas, emitió un informe favorable para el empeño tan largamente deseado por sus promotores.
Así se fueron desarrollando los primeros proyectos hasta convertirse en un club para residentes de todas las nacionalidades en la ciudad de La Habana, brindando todas las facilidades para entretenimientos y distracciones saludables, no solo para la práctica del golf, sino también para el tenis, el squash, la natación y otras actividades deportivas, además de constituir un lugar donde los familiares de los socios podían reunirse para disfrutar de un solaz esparcimiento.
La primera Directiva del Country Club estuvo formada por los siguientes socios:
Presidente: Frederick Snare, quien se mantuvo en el cargo hasta su fallecimiento en 1946. Vice Presidentes: Robert M. Orr y Norman H. Davis.
Tesorero: Regino de Truffin.
Vice Tesorero: James M. Hopgood.
Directores: Frederick Snare; Regino de Truffin; José Miguel Tarafa; Dr. Antonio Sánchez de Bustamante; W. A. M. Vaughan; José Rodríguez; Norman H. Davis; Walter G. Ogilvie; Robert M. Orr; H. Olavaria; Leslie Pantin, y T. L. Huston.
Al fundarse el club contaba con solo 23 socios. En 1953 alcanzaba la cifra de 1630, y en este año la cuota social para Socio Residente era de 180 pesos al año, y la cuota de ingreso, 750 pesos.

MIRAMAR YACHT CLUB

El día 10 de diciembre de 1926 se celebró, en los locales del Colegio de Arquitectos de La Habana, la primera Junta General de Constitución del Miramar Yacht Club, a la cual asistieron 72 personalidades notables de las actividades económicas, sociales, profesionales y públicas en general, bajo la presidencia del señor Antolín Entrialgo  y actuando de secretario el señor Julio San Martín. Como primer acuerdo se procedió a elegir la directiva de la mesa, que quedó presidida por el entonces presidente de la República, doctor Miguel Mariano Gómez.
Otros acuerdos tomados en aquella oportunidad, se fueron plasmando de inmediato en realidad  práctica, y el 12 de febrero de 1927 se colocó la primera piedra del edificio social, en una solemne ceremonia en la que fue izada la bandera del club por el general Gerardo Machado, y a continuación la bandera cubana por el doctor Miguel Mariano Gómez.
Las obras fueron acometidas con un ritmo creciente, como convenía a la calidad emprendedora y la capacidad  organizativa de los fundadores, y al finalizar ese año, el 23 de diciembre, fue inaugurado el edificio social en una zona del litoral cercana a la Playa de Marianao, celebrándose el acontecimiento con una magnífica fiesta bailable. Un año más tarde, el 29 de diciembre de 1928, fue elegido presidente del club el doctor Vicente Pardo Castelló, al que sucedieron sucesivamente, hasta 1950, el señor Francisco Valle Cañals y los doctores Mario H. de Rojas y Haro, Emilio Marill y Hermoso, Ricardo Machín y Alvarez, Eduardo Betancourt y Agüero, de nuevo Ricardo Machín y Alvarez, Salvador W. de Castroverde, Luis Machado y Ortega, Raúl Perera y Trujillo, Mario H. de Rojas y Haro por segunda vez, Mariano Vivanco y Zayas y Armando G. Menocal y Córdova.
El Miramar Yacht Club mantuvo a lo largo de los años una exitosa cadena de servicios a la sociedad y al mejoramiento público, siendo favorecido con el incremento de sus recursos mediante la incorporación como miembros activos de personalidades notables procedentes de los sectores más responsables y brillantes del país.
Gracias al auge obtenido por el club, pudo planearse la construcción de un nuevo edificio social más moderno y funcional, para el que se colocó la primera piedra el 20 de mayo de 1947 y fue finalmente inaugurado el 23 de febrero de 1952, en medio del regocijo y legítimo orgullo de todos sus asociados.
En 1953 el Miramar Yacht Club contaba en su membresía con 1356 socios, cuya labor constituía un factor positivo en la conservación de las mejoras logradas y en el incremento de realizaciones futuras.

CLUB NÁUTICO DE MARIANAO

El Club Náutico de Marianao fue fundado en 1933 por el señor Carlos A. Fernández Campos, hombre conocedor de los medios sociales de Cuba, deseoso de ofrecer a las familias de limitados recursos, en especial a los jóvenes amantes del mar, un lugar a donde disfrutar de paz, aire puro, ejercicio reconfortante y sol a plenitud, y acudir a unas playas donde tuvieran a la vez las mismas comodidades y atracciones que existían en los clubes más aristocráticos y exclusivos de la capital.
Con esa orientación, muy útil sin duda, este centro social y deportivo fue ganando espacio en el favor público como un “club playero” por excelencia, dado que por una módica cuota diaria se guardaba en taquillas la ropa a los concurrentes a la playa, quienes por lo general eran jóvenes laboriosos y humildes procedentes de selectas familias habaneras. Como se sabe, el momento histórico en que se fundó el club fue una etapa de intensa crisis económica, la que obligó a las familias pudientes a restringir sus gastos, lo que influyó en que sus hijos, aun aristócratas, asistiesen a esta playa alternando sin vanidad con otros jóvenes de origen modesto, si bien tanto unos como otros eran seleccionados por su corrección y conducta intachable.
El porvenir del club se consolidó rápidamente, pero se hicieron necesarias y urgentes obras y construcciones adecuadas para poder prestar los mejores servicios a los concurrentes, ávidos de diversión y entretenimiento. Por ello, con el concurso de algunos amigos y el aporte de las cuotas anuales, se pudo levantar el círculo social orgullo de la población de marianense.
Además de las actividades sociales y de puro entretenimiento, los deportes fueron altamente auspiciados por el Club Náutico de Marianao, que desde su inicio ofreció múltiples actividades a la juventud para desarrollar sus cualidades atléticas adiestrándose en el deporte de su vocación. Así se destacaron por sus aptitudes y espíritu deportivo buenos cultivadores del béisbol, fútbol, balonmano, squash, tenis, natación, competencias de vela, canoa, remos, etc. Es decir, todo un vasto panorama de actividades juveniles, incitadoras a la acción muscular y la libre expansión espiritual del organismo humano.
El Club abarcaba también numerosas dependencias destinadas a brindar a los asociados todas las comodidades factibles, tales como salón de fiestas y bailes, terraza al aire libre, cafetería, restaurante, bar, peluquería, barbería, lavandería, amplias taquillas para ambos sexos, parque infantil, y otras.
A pesar del número creciente de socios, que en 1953 ascendía a más de cinco mil, el ingreso de los mismos en el Club se hacía mediante una cuidadosa selección, gravitando sobre su dirigencia la facultad de aceptar o rechazar las solicitudes de los aspirantes. Una vez inscritos como asociados, estos debían pagar, además de la cuota de ingreso, 82 pesos anuales por familia, y 52 pesos por persona.

EL BALNEARIO DE LA CONCHA

El pueblo cubano siempre ha manifestado su interés y vocación por el mar: su entusiasmo  por los deportes náuticos, y su gusto por las deliciosas playas donde poder distraerse con el aire puro, las finas arenas y la frescura de sus tibias aguas. Por ello, desde los comienzos de la República, pese a las dificultades e incomodidades y hasta riesgos que existían en las comunicaciones de la época, los habaneros no dudaban en trasladarse desde la ciudad hasta los lugares donde las playas naturales se ofrecían como paraísos ante el ciudadano agobiado por el calor tropical o el cansancio del trabajo, y entre ellas sobresalía ya desde aquellos remotos tiempos una que por su contorno semi circular recibió el nombre de Playa de La Concha, la cual, desde entonces, supo mantener el prestigio de sus arenas finas y limpias, sus aguas frescas y agradables, y su incitación sana al trabajador cansado, al deportista o al simple amante de las bellezas marítimas.
Esas posibilidades de agrado y esparcimiento dieron lugar a la construcción, junto a aquella playa pública, de un edificio de bellas líneas arquitectónicas, el balneario de La Concha, a donde la población en general podía asistir sin incurrir en gastos excesivos ni en enojosos exclusivismos. Su cuota discreta ponía al servicio de las clases sociales relativamente modestas las comodidades y los placeres marítimos que en otros lugares solo disfrutaban los socios de clubes privados.
Entre sus facilidades, el balneario ofrecía, para hombres, 700 casetas individuales y 1500 taquillas, y para mujeres, 600 casetas y 1200 taquillas. Además brindaba servicios de duchas, solarium, aparatos de gimnasia con profesores de ambos sexos, canchas de balonmano y tenis, glorietas con cómodos sillones, sombrillas, sillas de extensión, servicio de salvavidas, bar, restaurante y servicios médicos con botiquín y asistencia profesional.
Durante la temporada de verano se ofrecían grandes y lúcidas matinés bailables, siempre muy concurridas, y se celebraban populares concursos en los que se elegían todos los años, entre el público femenino, a las Reinas de La Concha. Asimismo, las personas que compraban el boleto de entrada al balneario o pagaban el costo del baño, tenían el derecho de entrada gratis al parque de diversiones “Coney Island Park”, contiguo al balneario.
En 1953 los precios para el disfrute del balneario eran los siguientes:
En días festivos: Entrada con derecho al baño, mayores: $1.35; menores: $0.60.
                            Entrada solamente, mayores: $0.60; menores: $0.25.
En días laborables: Entrada con derecho al baño, mayores: $1.00: menores: $0.50.
                             Entrada solamente, mayores: $0.25; menores: $0.10.
Abonos con derecho a 15 baños, mayores: $10.00; menores: $4.00.

EL CINÓDROMO DE MARIANAO

Uno de los más atrayentes espectáculos ofrecidos en Cuba a mediados del siglo XX, consistió en las carreras de galgos, variedad del deporte que reunía diversas cualidades, desde el interés puramente económico hasta el placer emotivo de toda competencia deportiva. Estas eran las características del espectáculo que brindaba el Cinódromo de Marianao, operado por la empresa Havana Greyhound Kennel Club.
El Cinódromo estaba situado en un lugar sumamente atractivo y céntrico, en la convergencia de la Quinta Avenida y el entonces Gran Boulevard, después Calle 100, en Marianao y consistía en una edificación de gran atractivo arquitectónico, construida especialmente para la celebración de las carreras de galgos, con las más satisfactorias condiciones posibles, a un costo calculado en 500 mil pesos. Era considerado en su tiempo como uno de los cinódromos más bellos del mundo.
Así se ofrecía al público toda clase de comodidades y motivos de esparcimiento, además de absolutas seguridades y garantías en cuanto a la limpieza absoluta de los procedimientos que se seguían en las apuestas y en la distribución de los dividendos entre las personas que colocaban su dinero a favor de los animales favoritos. En este sentido se destacaba la excelente calidad de los veloces galgos que competían, algunos de los cuales habían establecido las más altas marcas de velocidad en pistas internacionales.
El Cinódromo de Marianao fue inaugurado el 12 de julio de 1951, acontecimiento que se celebró con excepcional brillantez y con una extraordinaria asistencia de más de diez mil personas de todas las clases sociales y aficionadas al deporte, que cubrieron no solo la gradería y los espacios habilitados para el público, sino también toda la pista de la instalación.
Su primera temporada se extendió hasta el 4 de noviembre de dicho año, con un público cada vez mayor, integrado por un número creciente de fanáticos. Al año siguiente, con un éxito de taquilla mayor aún, se abrió su segunda temporada del 1º de febrero de 1952 hasta el 3 de junio del propio año, registrándose en todo instante la complacencia y el entusiasmo del público. Una tercera temporada tuvo su inicio en aquel mismo año, desde el 20 de agosto hasta el 19 de octubre, siempre con el progresivo favor del público asistente.
Para el funcionamiento de las carreras de galgos era preciso tener en disponibilidad constante no menos de 600 ejemplares, los cuales eran atendidos en perreras especiales construidas expresamente por el Havana Greyhound Kennel Club e instaladas en la finca “María”, ubicada en la Curva de Cantarrana, en la carretera de Pinar del Río.
Los galgos eran propiedad de distintos “Kennels”, entre los que se destacaba el “Marianao Kennel”, de los doctores Mendoza y Padrón, quienes fueron los primeros iniciadores o pioneros de la cría de galgos en Cuba, y que se adjudicaron muchos éxitos en su negocio por la calidad excelente de sus animales y sus magníficas condiciones para competir triunfalmente en el mencionado evento deportivo.

Hasta aquí nuestro paseo por los viejos clubes del oeste habanero, aunque fueron muchos más los que existieron en la zona, algunos surgidos casi a finales de la era republicana y con ello poco presentes en las emisiones de tarjetas postales.

Veamos ahora la lista de las imágenes que componen la galería de esta página:

No. -- Descripción -- Emisión

A-01 -- Marianao -- J. Charavay, Obispo 131 – No. 26

A-02 -- Glorieta de la Playa de Marianao, Cuba -- Cuban Card Co. – No. 15

A-03 -- Playa de Marianao -- Universal Music Co. Echemendía & Huguet, Neptuno 64, Habana – No. 28

A-04 -- Habana. Playa de Marianao -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba – No. 123

A-05 -- La Playa de Marianao, Habana, Cuba -- American Photo Studios, Havana, Cuba

A-06 -- Playa, La Habana, Cuba -- R. Corral – No. 41

A-07 -- La Playa de Marianao. Habana, Cuba -- American Photo Studios, Havana, Cuba

A-08 -- Playa de Marianao -- “El Renacimiento” de L. Peña y Ca. Dragones y Zulueta, Habana

A-09 -- Habana. Playa de Marianao -- Indeterminada – No. 20

A-10 -- Habana. Playa de Marianao -- Edición Jordi – No. 64

A-11 -- Playa de Marianao -- Publisher by Harris Bros. Co., Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 4023

A-12 -- Havana. Playa de Marianao -- Edición Jordi – No. 100 – A-100173

A-13 -- Playa de Marianao -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 39 – 4043-29

A-14 -- Habana. Playa de Marianao. Balneario -- C. Jordi, Obispo 106, Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 71

A-15 -- La Playa, Habana, Cuba -- E. C. Kropp. Co., Milwaukee – American Photo Studios – No. 29421 N

A-16 -- La Playa, Habana, Cuba -- E. C. Kropp. Co., Milwaukee – American Photo Studios – No. 29429 N

A-17 -- Playa de Marianao -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 77 – 3849-29

A-18 -- La Playa de Marianao, Habana, Cuba -- Made by Curt Teich & Co., Chicago, U.S.A. – No. 10 – 110669

A-19 -- La Playa, Habana, Cuba -- Pub. by Roberts & Co., Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 4781

A-20 -- La Playa, Habana, Cuba -- Pub. by Roberts & Co., Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 12814 N

A-21 -- Playa de Marianao -- Edición Jordi, Amargura 72, Habana

A-22 -- Habana. Playa de Marianao -- Publ. Partenon, 106 Obispo St.

A-23 --  Playa de Marianao -- C. Jordi, Obispo 526, Havana, Cuba. – (C. T. Art-Colortone)  – No. 77 – 9A-H2086

A-24 --  Playa de Marianao -- C. Jordi, Obispo 526, Havana, Cuba. – (C. T. Art-Colortone)  – No. 105 – 1B-H172

A-25 --  Playa de Marianao -- C. Jordi, Obispo 526, Havana, Cuba. – (C. T. Art-Colortone)  – No. 41 – 1B-H605

A-26 -- La Playa, Habana, Cuba -- Pub. by Roberts & Co., Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 12814N

A-27 -- (Imagen de la Playa de Marianao) -- Imprenta Nacional. Unidad 1254

A-28 -- Playa “La Concha”, Marianao, Habana, Cuba -- Pub. by Casa Morris, Habana, Cuba – No. 57147

C-01 -- Playa Marianao, Cuba - - Habana. Yact-Club -- R. Corral, Obispo 75

C-02 -- Habana. Playa de Marianao -- Clichés Jordi – No. 63

C-03 -- Habana. Yacht Club. Marianao -- Indeterminada

C-04 -- Playa del Yacht Club -- L. Camino, Fotógrafo. Josefina 28, Víbora

C-08 -- Habana. Nuevo Edificio del Yacht Club -- Edición Jordi – No. 97 – 104888

C-09 -- Habana. Edificio Nuevo del Havana Yacht Club -- Edición Jordi – No. 101

C-10 -- El Yacht Club, Habana, Cuba -- Made by Curt Teich & Co., Chicago, U.S.A. – No. 56 – 110622

C-11 -- Habana. Habana Yacht Club -- Indeterminada – No. 3

C-12 -- Habana Yacht Club. Habana, Cuba -- American Photo Studios, Havana, Cuba

C-13 -- Havana Yacht Club -- Gráficas Foto, Habana, Cuba

C-14 -- Habana Yacht Club, Habana, Cuba -- Pub. by Roberts & Co., Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 12609

C-15 -- (Imagen del Habana Yacht Club) -- Indeterminada

C-18 -- Habana Yacht Club, Marianao -- L. Camino, Fotógrafo. Josefina 23, Víbora

C-19 -- (Imagen del Habana Yacht Club) -- Indeterminada

C-20 -- Playa y Edificio del Yacht Club -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba.  – No. 27 – 106630

F-01 --  Country Club, Habana -- Universal Music Co. Echemendía & Huguet, Neptuno 64, Habana – No. 10

F-02 -- Contry-Club. Marianao. Habana -- R. Corral, Obispo 75 – No. 46

F-03 -- Habana. Residencia en Country Club -- Indeterminada

F-04 -- Habana. Country Club Park -- Indeterminada

F-05 -- Habana. Avenida del Country Club -- Indeterminada

F-06 -- Habana. Avenida al Contry Club -- Indeterminada

F-07 -- Habana. Lago en el Country Club -- Indeterminada

F-08 -- Habana. Country Club -- Indeterminada

F-09 --  Residencia en el Country Club -- Published by C. Jordi, Habana, Cuba, Box 2334 – Made in France – No. 96

F-10 -- (Sin título. Residencias del Country Club) -- Indeterminada

G-01 -- Country Club of Havana. Part of Links from Club House -- Indeterminada

G-02 -- Country Club of Havana. The Sentinels -- Indeterminada

G-03 -- Country Club of Havana. Swimming Pool -- Indeterminada

G-04 -- Country Club of Havana.  Palms at the 4th Green -- Indeterminada

º -- Country Club of Havana. 4th Green -- Indeterminada

G-06 -- Country Club of Havana. Club House from 5th Fairway -- Indeterminada

G-07 -- Country Club of Havana. 6th Green and Fairway -- Indeterminada

G-08 -- Country Club of Havana. 7th Green from 8th Tee -- Indeterminada

G-09 -- Country Club of Havana. View from 7th Tee towards Green. -- Indeterminada

G-10 -- Country Club of Havana. 10th Green and Fairway.  -- Indeterminada

G-11 -- Country Club of Havana. Part of Links from 10th Fairway  -- Indeterminada

G-12 -- Country Club of Havana. 11th Hole -- Indeterminada

G-13 -- Country Club of Havana. Water Hazard Guarding 11th Green -- Indeterminada

G-14 -- Country Club of Havana. 12th and 13th Greens from 5th Green -- Indeterminada

G-15 -- Country Club of Havana. Water Hazard at 12th Green -- Indeterminada

G-16 -- Country Club of Havana. 13th Green -- Indeterminada

G-17 -- Country Club of Havana. Palms at the 14th Green -- Indeterminada

G-18 -- Country Club of Havana. 14th Fairway from Tee -- Indeterminada

G-19 -- Country Club of Havana. 14th Fairway -- Indeterminada

G-20 -- Country Club of Havana. Palms and Water Hazard. 14th Fairway -- Indeterminada

G-21 -- Country Club of Havana. 14th Fairway from Tee -- Indeterminada

G-22 -- Country Club of Havana. 12th Green from 14th Tee -- Indeterminada

G-23 -- Country Club of Havana. 17th Green from Club House -- Indeterminada

G-24 -- Country Club of Havana. Club House from 17th Fairway -- Indeterminada

G-25 -- Country Club of Havana. 18th Fairway, looking  towards 17th Green -- Indeterminada

H-01 -- Lago del Country Club Park -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba.  – No. 50 – 122639

H-02 -- Lago del Country Club Park -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba.– No. 58 – 122645

H-03 -- Habana. Country Club y Parque de Residencias -- Edición Jordi –    No. 88 – 104891

H-04 -- Habana. Country Club. Campos de Golf -- Edición Jordi – No. 103

H-05 -- Habana. Edificios y Campo de Golf en el Country Club -- Edición Jordi – No. 108 – 106247

H-11 -- Parque del Country Club  Habana Cuba -- Indeterminada – No. 8

H-12 --  Paisaje en el Country Club Park -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba.  – No. ? – 122608

H-13 -- Vista del Lago del Country Club -- Indeterminada – No. 50

H-14 -- Country Club, Campos de Golf -- C. Jordi, Obispo 526, Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 59 – 104895-N

H-15 -- Country Club -- Indeterminada – No. 31

H-16 -- Country Club -- Indeterminada – No. 51

H-17 -- Lago del Country Club Park -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba.– No. 33 – 122614

H-18 -- Una residencia privada en el Country Club  -- Made by Curt Teich & Co., Chicago, U.S.A. – No. 7 – 110672

H-19 --Country Club y Campos de Golf -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba. – No. 29 – 106631

H-20 -- Country Club de La Habana,  -- Pub. by Roberts & Co., Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 29434

H-21 -- Country Club de La Habana, Habana, Cuba -- Pub. by Roberts & Co., Havana, Cuba. Made in U.S.A.

H-23 -- En el Country Club Park, Habana, Cuba -- Pub. by Roberts & Co.,  Made in U.S.A. – No. 12596 N

H-26 -- Habana. Lago del Country Club -- Indeterminada – No. 71429

H-27 -- Habana. Country Club -- Indeterminada

H-28 -- Residencia cubana. Habana -- Made by Sunny Scenes, Inc., Winter Park, Fla. – No. 55

H-29 -- Vista del Lago. Country Club, Habana, Cuba. -- Made by Sunny Scenes, Inc., Winter Park, Fla. – No. 82

H-31 -- Lago en el Country Club -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba. Printed in U.S.A. – No. RTC-20

H-32 -- Paisaje en el Country Club -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba.

H-33 -- (Imagen de campos de golf en el Country Club) -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba. Printed in U.S.A. – No. RTC-90

J-01 -- Habana. Miramar Yacht Club -- Indeterminada

J-02 -- Habana. Miramar Yacht Club -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 77 – 122654

J-03 -- Habana. Miramar Yacht Club -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 25 – 122616

L-01 -- Habana. Vedado Tennis Club -- Edición Jordi – No. 19

L-02 -- Habana. Vedado Tennis Club -- Published by C. Jordi, Box 2334, Havana, Cuba – No. 23

L-03 -- Vedado Tennis Club, Habana -- Universal Music Co. Echemendía & Huguet, Neptuno 64, Habana – No. 9

L-04 -- Tennis Club. Vedado -- Indeterminada

L-05 -- Tennis Club. Vedado. Habana -- Indeterminada

L-06 -- Habana. Vedado Tennis Club -- Indeterminada

L-07 -- Vedado Tennis Club, Habana, Cuba -- Made by Curt Teich & Co., Chicago, U.S.A. – No. 51 – 110627

N-01 -- Habana Biltmore Yacht y Country Club, Habana, Cuba -- Pub. by Roberts & Co., Havana, Cuba. Made in U.S.A. – No. 12584

N-02 -- Habana Biltmore Yacht y Country Club -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba. Printed in U.S.A. – No. RTC-22

R-01 -- Habana. Playa de Marianao -- Edic. Camino, Josefina No. 28

R-02 -- (Imagen del Balneario La Concha, Playa de Marianao) -- Indeterminada

T-01 -- Entrada del Miramar Yacht Club -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba. Printed in U.S.A. – No. RTC-97

V-01 -- Casino Deportivo de La Habana. Miramar -- La Directiva – No. 6511