"ANTIGUAS TARJETAS POSTALES DE SANTA CLARA"

Descripción
Galería

Santa Clara, gracias a su privilegiada ubicación, prácticamente en el centro del país, que la convertía en parada y enlace ideal, fue una ciudad que, aunque surgida después que muchas otras de la región, poco a poco las fue dejando atrás hasta convertirse en la más importante de todas y con ello en la capital provincial. Así, ya en los primeros tiempos republicanos, era una ciudad que contaba con un gran desarrollo urbano, político y cultural. Ello dio lugar a que se le dedicaran por entonces numerosas series de tarjetas postales que constituyen hoy valiosos recuerdos de su pasado. Serán estas el motivo central de la colección que mostramos en esta página, en la que incluimos además piezas relativas a otros pueblos de la provincia como, Remedios, Camajuaní, Caibarién,  Placetas, Ranchuelo, etc.
Repasemos a continuación una corta reseña sobre su surgimiento y desarrollo que nos ayudara a apreciar de mejor forma las imágenes que veremos en la galería adjunta.  

Los primeros tiempos
De las primeras villas fundadas por los españoles en Cuba, fueron tres las que tuvieron lugar en la región central de la isla. Dos de ellas, Trinidad y Sancti Spíritus, en el año de 1514, establecidas por el Adelantado Diego Velázquez. La tercera, Remedios, fundada dos años más tarde, en 1516, por uno de sus hombres, el aventurero buscador de oro y “primer ciudadano de la isla por riqueza”, Vasco Porcallo de Figueroa. Fueron ellas las que le dieron nombre al antiguo territorio indígena de Cubanacán, que a partir de entonces fue conocido como la región “de las villas”, y por extensión se denominó así, más tarde, a toda la provincia.
De las dos villas de Velázquez, la primera, Trinidad, fue sede del Gobierno de aquella región central de la isla, aunque en forma indefinida y embrionaria, ya que por constituir la primera división territorial, sus límites quedaron indeterminados, sin que quedaran datos exactos en ningún documento de la época. Así fue que al fundarse a Santa Cruz de la Sabana, como se llamó Remedios en sus inicios, fue agregada al extenso territorio que ocupaban las otras dos poblaciones, quedando dividida la región central en tres secciones, sin que tampoco se haya conservado constancia alguna sobre tal situación, toda vez que el archivo municipal de Remedios, cuyos primeros documentos se remontaban a 1615, fue  destruido en su totalidad por la invasión de piratas y corsarios.
Entre 1652 y 1667 la población de Remedios fue asediada por frecuentes incursiones piráticas, y es en aquel contexto que se inician en Remedios las luchas de dos sacerdotes que interesados más en el lucro personal que en los intereses generales de la población, hicieron víctima a los vecinos de múltiples subterfugios y maquinaciones para que abandonaran sus hogares y se trasladaran a un lugar más seguro que cada uno de ellos prefería, en total desavenencia con el otro.
En 1682 fue nombrado de nuevo párroco en propiedad de la villa de Remedios, el sacerdote José González de la Cruz, quien aprovechó esa circunstancia para que en sus prédicas conminara a sus simpatizadores a seguirlo en el hato de Cupey, lo que muchos realizaron de inmediato y más tarde los restantes, atemorizados, también se trasladaron para dicho sitio, triunfando así las teorías y propósitos del mencionado fraile.
Muy caro pagaron los moradores del abandonado Remedios las rencillas surgidas entre los dos bandos, que introdujeron el pillaje y la anarquía, nacidas de la falta de fe, y lo que es peor aún, el odio entre las familias. Algunos vecinos importantes empezaron a gestionar por su cuenta una Real Orden que les determinase, de manera definitiva, el lugar donde pudieran instalarse. Como consecuencia de esas gestiones, por Real Cédula de 29 de enero de 1684, ejecutada en febrero de 1688, gracias a la energía del Capitán General de la Isla, Antonio de Viana Hinojosa, quien obró de acuerdo con el sabio obispo Diego Evelino de Compostela, disponiendo que la villa en cuestión se trasladase al discutido sitio del Cupey, donde ya se encontraban, desde años atrás, más de las dos terceras partes de los habitantes de Remedios.

La fundación de la villa
Ya así las cosas, en el año 1689, siendo Alcalde el Capitán Manuel Rodríguez, este se trasladó a La Habana en compañía del Regidor Esteban Díaz de Acevedo, empeñado en proponer un nuevo lugar fuera de los dos en disputa, y fueron tantas sus energías y su espíritu de convencimiento que logró se resolviera la instalación  definitiva de la villa en el hato de Antonio Díaz, más hacia el centro de la isla y a unas trece leguas de Remedios. La bonanza del sitio escogido, por sus buenas aguadas y abundancia de materiales para la construcción de viviendas, logró al fin que se armonizaran todas las tendencias.
El día 15 de julio de 1689 partieron de Remedios 18 familias hacia el hato de Antonio Díaz, donde a la sombra de un tamarindo fundaron la nueva villa, a la que, quizás para conquistar a los más rezagados que quedaron en la antigua población o por añoranzas del terruño perdido, dieron el nombre de Santa Clara de la Sabana de los Remedios del Cayo, que poco tiempo después fue cambiado por el de Gloriosa Santa Clara, bajo la advocación religiosa de Santa Clara de Asís, a la que se tomaba por patrona.
Apenas instalados,  los nuevos pobladores procedieron a la celebración de la santa misa, oficiada por el fraile González de la Cruz, la que según se cree, tuvo lugar en una loma que más tarde fue conocida por Loma del Carmen, junto al río llamado de la Sabana, que por aquella parte bordeaba la naciente villa.
Al establecerse la población en el hato de Antonio Díaz, no tenía el Cabildo más regidor propietario que  el Alférez Mayor, Gaspar Rodríguez, quedando en esta situación todo el año 1689. El primer acuerdo tomado fue el 1º de enero de 1690, en que fueron electos los funcionarios que debían reemplazar a los anteriores, cuyos cargos procedían de Remedios. Con tal motivo se nombraron Alcaldes ordinarios al mismo Capitán Manuel Rodríguez y a Francisco Sarduy; por la Santa Hermandad a Ambrosio Jiménez, Andrés de Carranza, Esteban Díaz de Acevedo y Alonso Rodríguez; y Procurador General a Cristóbal de Moya.  El 31 de octubre del siguiente año se incorporó Domingo Martín de Avileira, como Alguacil Mayor en propiedad, pues el anterior funcionario correspondía a la antigua villa de Remedios.

Problemas y soluciones
Durante los primeros años surgió una confusión entre Santa Clara y Remedios, porque siendo la nueva villa una continuación de la antigua, subsistía no obstante una parte del ayuntamiento en la vieja población y cada una de ellas pretendía ejercer jurisdicción sobre la otra y en todo el territorio, llegando a realizarse actos de sabotaje contra Remedios, que fue incendiada por el Alcalde de Santa Clara, quedando en pie solo la casa de un Regidor y la Iglesia. A pesar de su destrucción y la dispersión de sus moradores, seguía resistida una minoría a trasladarse a Santa Clara, continuando las quejas y reclamaciones ante el Gobierno General, al que acudieron Don Jacinto de Rojas y Juan Jiménez para vindicar las demandas surgidas, sin que tampoco se descuidaran los vecinos de Santa Clara en su pretensión de hacer venir a los tozudos remédianos para la nueva población.
Hasta fines del año 1693 subsistió este lamentable estado de cosas, cuando en un fallo de la Audiencia de Santo Domingo, donde radicaban los máximos poderes judiciales de las colonias españolas en el Nuevo Mundo, de fecha 4 de noviembre de 1694, se dispuso  “Que no se moleste más a los vecinos de Remedios sobre de mudar de habitación al pueblo nuevo, sino que el Gobierno General los mantenga en la antigua población, haciéndoles guardar y guardándoles los privilegios, facultades y preeminencias en nombrar justicia y demás oficios pertinentes”.
Como consecuencia de esta disposición, el primero de enero de 1696 la vieja ciudad de Remedios, maltrecha, esquilmada y casi en ruinas, eligió sus funcionarios y en 28 de julio de aquel mismo año, comisionados de las dos poblaciones se constituyeron en el lugar conocido como el hato de Ciego Romero, haciendo allí el deslinde caprichoso de ambas jurisdicciones. Aquella operación se realizó sin dificultad y firmaron el acta de delimitación todos los miembros de ambos Cabildos. Solo quedó, para liquidar las asperezas que existieron durante tanto tiempo, la reclamación por Remedios de su archivo, que se hallaba en la otra localidad. Todavía hubo alguna resistencia, hasta que los villaclareños acordaron devolver a la antigua villa todos los documentos anteriores a la fecha de la fundación de Santa Clara. Así quedó abierto el camino para la profunda cooperación y armonía que desde entonces existe entre San Juan de los Remedios del Cayo y la Gloriosa Santa Clara.

Las iglesias de Santa Clara:

Parroquial
Mayor. La primera que tuvo Santa Clara fue edificada por los fundadores de la villa, de madera y guano, allá por el año 1692, precisamente en el mismo lugar en que se construyó, en la siguiente centuria, la Parroquial Mayor. Esta fue levantada por el sacerdote Juan de Conyedo y su construcción, de mampostería y tejas, se inició en 1725, y no hubo persona alguna que dejara de tomar parte en su construcción, pues las que no podían aportar materiales o dinero, se brindaban para hacer cualquier trabajo que fuera necesario.

Ermita del Buenviaje. El tercer templo que se erigió en la villa fue esta ermita cuya obra promovieron el pardo Antonio Salgado y los morenos Domingo Quiala, Francisco Moya y Manuel Martínez, levantándose la ermita en 1692, y luego trasladada y reconstruida por el Padre  Francisco Hurtado de Mendoza, a quien le concedió la licencia el obispo Gerónimo Valdés en visita que realizó a la villa el 11 de junio de 1707, para edificarla en el Camino del Embarcadero de Sagua (después calle Unión).

Iglesia del Carmen. Esta ermita, convertida luego en iglesia, fue obra del padre Juan de Conyedo, quien en 1744 concibió la idea de edificarla hacia la parte norte de la villa, conocida en aquel tiempo como Barrio Nuevo, por haberse extendido hacia allí la población. Escogió para situarla una planicie de cierta altura que empezó a llamarse desde entonces Loma del Carmen.

Iglesia de la Divina Pastora. En la parte de la población que con el nombre de Barrio de Tanoya se extendía hacia el sur de la villa, estaba el caserío de la gente pobre que se lamentaba de no poder asistir a los templos. Esta situación dio pie a la idea de construir allí una sencilla iglesia, pero el Cabildo no concedió el terreno. Pero años después, en 1845, fue edificada, gracias al empeño del Padre Veitía, en el centro de un pequeño parque.

El Teatro La Caridad 
En Santa Clara apareció por vez primera el teatro en 1760, cuando se celebraron fiestas públicas por el advenimiento al trono de España del rey Carlos III. La proclamación de este soberano se hizo en Santa Clara el 23 de marzo del citado año, y para ello se cerró la Plaza de Armas (el actual Parque Vidal) en sus esquinas y bocacalles, y se levantó en su centro una plataforma improvisada con el nombre de “teatro”, debajo de unas palmeras, y se colocaron asientos para los miembros del Cabildo. Allí se representó durante quince días  una comedia, con decoraciones y todos los elementos necesarios, por una compañía de aficionados, y después de terminar cada función, el Cabildo obsequiaba a los presentes con aguardiente de anís y tabacos.
Otro teatro establecido en Santa Clara se levantó en el patio de la casa de doña Manuela Rodríguez, que se vendió, en 1822, en la “enorme” cantidad de trescientos pesos. Después, el Liceo Artístico y Literario de Santa Clara construyó otro para sus representaciones, pero, propiamente hablando, Santa Clara careció de un verdadero teatro hasta que se construyó el Teatro La Caridad, obra de la benefactora de la ciudad, doña Marta Abreu de Estévez, quien, por medio de su esposo don Luis Estévez Romero, propuso al presidente del Ayuntamiento, en 1883, la adquisición de los terrenos donde se había levantado antes la antigua ermita de la Candelaria, situados en lo más céntrico de la ciudad, que eran muy adecuados para la erección de un gran teatro, lo cual fue aprobado sin tardanza, en sesión plenaria efectuada el 28 de diciembre del propio año.
La construcción del edificio se inició de inmediato, haciéndose cargo del proyecto el ingeniero don Herminio Leyva, y en algo menos de dos años fue terminada. La inauguración solemne se hizo el día de la Caridad, el 8 de septiembre de 1885, con la representación de una obra de aficionados con poco valor literario, seguida por discursos del presidente de la Comisión designada por el Ayuntamiento para conocer de todo lo relativo a la obra, de don Luis Estévez Romero a nombre de su esposa, Marta Abreu, y del ilustre habanero don Rafael Montoro, especialmente invitado para la apertura del teatro. Sin embargo, la verdadera inauguración se hizo en la noche siguiente, el 9 de septiembre, cuando el pueblo, por medio del Ayuntamiento, organizó un homenaje de viva simpatía a doña Marta Abreu, con la celebración de una extraordinaria velada lírico-literaria, a la que asistió la benefactora en compañía de su esposo, don Luis Estévez, del Alcalde de la ciudad, doctor Rafael Tristá, y de numerosas familias amigas, siendo vitoreada por el pueblo villaclareño durante su recorrido, que hizo a pie desde su domicilio, a varias cuadras de distancia, hasta el teatro.

El Liceo Artístico y Literario
Las sociedades amantes de la música eran conocidas con el nombre de Sociedades Filarmónicas, y nacieron en las primeras décadas del siglo XIX. Los villareños, poseídos allá por los años de 1840 de alta cultura y refinamiento, copiaron pronto esas instituciones y las establecieron en Santa Clara y otras ciudades de la provincia. La Filarmónica de Santa Clara se fundó el 1º de enero de 1841 y enseguida dio muestras del provecho que podría sacar la juventud con las veladas lírico-literarias que allí se celebraban. En 1857 recibió grandes mejoras con el aumento de su biblioteca y la reparación material de la casa que ocupaba. Años después, en 1866, estableció clases dominicales y nocturnas de enseñanza elemental, para los obreros y sus hijos. Por último, el 27d de marzo de 1867 se acordó cambiar el nombre de Filarmónica por en de Liceo Artístico y Literario.
El 27 de diciembre de 1868, iniciada en Yara la guerra contra el colonialismo español, se celebró la elección de una nueva Directiva, en la que fueron nombrados hombres patriotas, luchadores por la libertad de la nación cubana, que se dieron a la tarea de encaminar las actividades del Liceo a favor de la independencia de la patria. Se comenzó a conspirar contra el gobierno colonial y enterado éste, las autoridades militares determinaron clausurar la sociedad, lo que se realizó el 11 de febrero de 1870, y el local fue usado después como cuartel del ejército español. No fue hasta 1898, al cesar el gobierno colonial, que el Liceo volvió a renacer con mayores bríos. Se recuperó su antiguo local, que fue reparado, y se reinauguró el 30 de abril de 1899.

La Estación del Ferrocarril
Santa Clara tuvo comunicación con Cienfuegos desde 1852, por medio de la empresa del Ferrocarril de Cienfuegos a Santa Clara, y en 1858 se unió también, por la vía férrea, con Sagua la Grande. Entre estos años se construyó en la capital villareña la estación del ferrocarril. Años después, el 1º de marzo de 1895, entre las obras de provecho social realizadas por la excelsa benefactora doña Marta Abreu de Estévez, se inauguró la Planta Eléctrica, situada frente a la estación ferroviaria, y a la vez fue también reabierta al servicio público la mencionada estación, después de haber sido restaurada y habérsele añadido un nuevo local para uso de los viajeros. Por tal motivo, la empresa del ferrocarril le dio al edificio el nombre de “Estación Marta Abreu”.

Otras poblaciones de la provincia:

Camajuaní.
La fundación de este pueblo tuvo su origen el año de 1864, en que los Ferrocarriles Unidos de Caibarién establecieron una estación en los terrenos de la hacienda Camajuaní, lo que dio lugar a que a su alrededor se empezara la construcción de viviendas que llegaron a formar un caserío. Un grupo de vecinos que contribuyeron  de manera notable al crecimiento de aquel pequeño poblado realizaron gestiones para que se le concediera el título de pueblo, el que le fue otorgado el 20 de mayo de 1878 y creándose el Ayuntamiento el 1º de enero de 1879, siendo su primer Alcalde el señor Francisco de la Torre Carmona.

Remedios. La actual ciudad de San Juan de los Remedios es una de las poblaciones más antiguas de Cuba, fundada por Vasco Porcallo de Figueroa en 1516, y fue la tercera villa (después de Trinidad y Sancti Spíritus) creada en la región central de la Isla. La comarca fue visitada en 1513 por Pánfilo de Narváez, el padre Bartolomé de las Casas, Juan de Grijalva y otros más, los que encontraron en ella varios pueblos indios. En 1516 se establecieron los primeros pobladores en la costa de la bahía de Tesico, frente al Cayo Conuco, y luego se trasladaron algo más hacia el interior, a un lugar conocido por Sabana, t dieron a la población el nombre de Santa Cruz de la Sabana, el que conservó hasta 1545, cuando para escapar de las incursiones piráticas efectuaron un nuevo traslado de la villa al lugar que hoy ocupa, donde tomó el nombre de San Juan de los Remedios del Cayo. Años después, en 1689, dieciocho familias remedianas se trasladaron al interior de la Isla y fundaron la ciudad de Santa Clara.  

Caibarién. Hasta principios del siglo XIX Caibarién era una hacienda de ganado perteneciente a la jurisdicción de San Juan de los Remedios. Su puerto fue habilitado para el comercio en 1819 en sustitución del antiguo del Tesico, por tener mejores condiciones marítimas. Uno de los primitivos y más importantes vecinos fue Don Narciso Justa, quien en 1823 cedió algunos terrenos del Corral Caibarién para fundar una nueva población, la cual, al siguiente año, fue establecida como Capitanía de Partido con el nombre de San Francisco de Caibarién.

Placetas. En las sabanas conocidas con el nombre de Las Placetas, pertenecientes a la hacienda comunitaria Ciego Rensoli, el señor José Martínez Fortún inició, a finales de 1867, la fundación de un poblado, haciendo levantar un plano y empezando las construcciones en 1868, con un nutrido grupo de vecinos que con motivo de la guerra de ese año se habían concentrado en ese lugar, al que se le dio el nombre de Elózegui, aunque predominó el de Placetas con el que ya se le conocía.

Ranchuelo. En el paraje denominado Bocas del Ranchuelo, en el año 1723, fue fundado por Dionisio Consuegra un poblado erigido en los terrenos del Hato del Escambray, que era de su propiedad, edificándose la primera casa el 1º de octubre del referido año. Con el aumento natural de los laboriosos vecinos de este naciente poblado, en los años sucesivos se hizo Tenencia de Partido y más tarde Capitanía Pedánea, que lo fue en 1856. Siendo ya un pueblo de importancia y un término agrícola, cuando la reforma de 1879, le fueron concedidas las prerrogativas de ayuntamiento el 1º de enero del propio año.

Santo Domingo. Por acuerdo de la Junta de Fomento, en 1819 se mercedaron las tierras de la hacienda Santo Domingo a los colonos que en ellas se habían establecido, fundándose a la que se denominó Colonia Nueva Bohemia y encomendándose su reparto a los señores López Silvero y Ramón Villastasa. En 1847 la Colonia se incorporó a la jurisdicción de Sagua la Grande, de la cual se segregó para formar un nuevo Ayuntamiento, ya con el primitivo nombre de Santo Domingo, el 1º de enero de 1879.