"LAS ANTIGUAS TARJETAS POSTALES DEDICADAS A CIENFUEGOS"

Descripción
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Cienfuegos, ciudad que por su formidable bahía, la geometría de su urbanización, la belleza de sus calles y edificaciones, sus amplios parques y paseos, ha sido llamada con razón la Perla del Sur, es la protagonista de esta página en que mostraremos la abundante colección de tarjetas postales que le fueron dedicadas en las primeras décadas del siglo pasado.
Fundada tardíamente, a inicios del XIX, por colonos franceses a los que debe su singular trazado, alcanzó sin embargo un rápido auge que al comienzo de la etapa republicana le permitió contar con importantes instalaciones que rivalizaban con las mejores del país: su singular cementerio, su jardín botánico, sus parques y plazas, edificios como el teatro Tomas Terry o el Palacio de Valle, incluso su “Prado” que en nada envidiaba al habanero, fueron blanco del interés de fotógrafos y editores que los dejaron detenidos en el tiempo para delicia de los interesados en su pasado.
Por su cercanía incluiremos además en esta muestra las pocas piezas que hemos podido reunir sobre pueblos cercanos como Aguada de Pasajeros, Abreus, Cruces, Santa Isabel de las Lajas, etc.
Como ayuda para un mejor disfrute de las imágenes que veremos incluimos a continuación una reseña sobre el surgimiento y posterior desarrollo de esta magnífica ciudad, orgullo de sus pobladores y de todos los cubanos. Le invitamos a repasarla.

Los primeros tiempos
La bahía de Jagua es una de las mejores de Cuba por su profundidad y resguardo, estrecho canal de entrada y amplio interior, y está enclavada en la comarca que antes era el cacicazgo siboney de Xagua, de donde proviene su nombre, y donde hoy se asienta la ciudad de Cienfuegos. Durante su segundo viaje de descubrimiento, en 1494, el Almirante  Cristóbal Colón visitó la bahía, y después lo hizo Sebastián de Ocampo en 1508, en un viaje de circunnavegación que duró ocho meses, y que dio por resultado que se conociera en realidad la magnitud, importancia y belleza de la Isla, y cesara para siempre la idea de que aquella tierra era parte de un continente.
Admirado por la anchura y profundidad de aquella extensa bahía, Ocampo echó anclas en ella, ante la necesidad de reabastecerse de alimentos y agua, y fue recibido por indios hospitalarios que sirvieron con largueza sus necesidades. El lugar era seguro y apacible, y los obsequios que los indígenas hicieron a Ocampo y sus hombres, los invitaron a prolongar su estancia durante varios días.
No obstante, aunque el sitio no pasó inadvertido en aquella exploración, la falta de hombres y recursos para realizar la colonización de tantos territorios hicieron que el lugar permaneciera sin ningún poblamiento, y durante más de un siglo sólo fue refugio seguro de piratas y corsarios, que plantaban allí sus campamentos persuadidos de que nadie los molestaría.
En 1560 algunos pobladores se asentaron en terrenos cercanos a la bahía con el propósito de dedicarse a la explotación de las minas de oro y cobre que suponían existentes en aquella zona, y a pesar de que las hallaron, tuvieron que abandonarlas por resultar de muy baja producción.
No fue hasta 1694 que el Capitán General Severino Manzaneda y Salinas ordenó levantar el primer plano de la bahía de Jagua y propuso al Rey Carlos II realizar su colonización y fundar un nuevo asentamiento en los magníficos terrenos circundantes, pero aunque acompañó sus deseos con una muy bien razonada exposición, él monarca no tuvo ningún interés en llevar adelante tal empresa.

El Castillo de Jagua
A principios del siglo XVIII había ya pequeños grupos de pobladores en la bahía, que se dedicaban principalmente a labores de contrabando con naves que recalaban en el lugar. En 1732, después del paso por el lugar de los corsarios Francis Drake y Henry Morgan, el entonces Capitán General Juan Güemes y Horcasitas mandó levantar junto a la bahía una pequeña fortificación que la dominaría estratégicamente, la cual fue construida por el ingeniero José Tantete y ampliada en tiempos posteriores, y que recibió el nombre de Castillo de Nuestra Señora de los Angeles, aunque después fue llamada simplemente Castillo de Jagua.

La fundación de la colonia
En 1817, estando en el gobierno de la Isla el Capitán General José Cienfuegos y Jovellanos, y al frente de la Intendencia de Hacienda Alejandro Ramírez, se presentó ante ellos el Teniente Coronel francés Juan Luis Lorenzo D’Clouet y de Platte, emigrado de Luisiana y al servicio de España como Agregado al Estado Mayor de La Habana, a fin de entregarles un proyecto para colonizar la bahía de Jagua con 40 familias, mediante el pago por el gobierno del pasaje de los colonos, la donación de una caballería de tierra a todo hombre blanco cuya edad pasara de dieciocho años y estuviera apto para realizar su desmonte y cultivo dentro de los seis primeros meses a contar desde la fecha de su posesión, y una cantidad de dinero para la subsistencia de los colonos durante los primeros meses, que se fijó en treinta pesos para cada persona mayor de quince años y quince pesos para los de menor edad, si los colonos procedían de los Estados Unidos, y el doble de dichas cantidades si viajaban desde Europa.
El proyecto fue elevado a España con la recomendación del Capitán General y del Intendente Ramírez y obtuvo la aprobación y sanción del monarca. El día 9 de marzo de 1819 el Teniente Coronel D’Clouet designó los terrenos próximos a la bahía de Jagua, compuestos de 130 caballerías pertenecientes a la hacienda Caonao, propiedad de Agustín de Santa Cruz, rico terrateniente de la comarca, que fueron cedidas por su dueño a D’Clouet en recompensa por el nombramiento de Coronel de Milicias y el título de Conde de Cumanayagua que por mediación del francés le habían sido otorgados. 
Para favorecer la colonización por todos los medios posibles, el gobierno liberaba de derechos reales y municipales, durante cinco años, las provisiones de boca y los útiles de agricultura e industria que, destinados a los colonos, llegasen a Fernandina de Jagua. Sin embargo, a pesar de todas estas facilidades, la colonización y fomento de la bahía de Jagua hubiera fracasado, si no fuera por el interés que en este asunto prestaron el Capitán General Cienfuegos, el Intendente Ramírez y el hacendado Santa Cruz, quienes prestaron el apoyo de sus influencias políticas y económicas y sus alientos personales a Luis D’Clouet.
El día 8 de abril de 1819 dio D’Clouet principio a la colonización, trayendo a Jagua 46 colonos franceses procedentes de Burdeos que acababan de llegar a La Habana, entre ellos el médico Domingo Monjeniet y el agrimensor Miguel Dubrocq, designado por el gobierno para que hiciese el reparto de las tierras. Allí se asentaron en las márgenes del río Salado, donde unos se alojaron en tiendas de campaña y otros en bohíos de indios abandonados desde hacía mucho tiempo por sus antiguos moradores. Mientras se levantó un pequeño caserío que luego fue destruido por un huracán, pero los primeros pobladores no se amilanaron y reconstruyeron sus viviendas.
Unos días después, el 19 de abril, Agustín de Santa Cruz visitó el lugar y después de ver el trabajo que realizaban los colonos, le recomendó a D’Clouet la conveniencia de trasladar la incipiente población a la península de la Majagua, lugar que puso a su disposición, por estimarlo más apropiado para el establecimiento de la colonia. D’Clouet aceptó gustoso la opinión de Santa Cruz En vista de ello, fueron los dos a explorar la citada península y encontrándola D’Clouet de su agrado, dispuso que en ese mismo día los colonos de trasladaran al nuevo lugar.
Allí uno de los colonos, el Alférez de Navío Félix Boullón, hizo el reconocimiento de la bahía, midió el terreno y levantó el plano de la citada península donde iba a asentarse la población, y en la mañana del 22 de abril, D’Clouet hizo levantar un acta, en la que constaba, entre otras cosas, que tomaba posesión, en nombre del Rey, del sitio llamado  península de la Majagua, por ser el lugar más ventajoso de toda la bahía para el establecimiento de la colonia, y que en él se limpiaría el terreno y se fabricarían las casas de sus pobladores, todo lo que quedaba dispuesto, verificado y firmado en presencia del Capitán Joaquín Hourruitiner, Comandante del Castillo de Jagua, y de un grupo de colonos en nombre de sí mismos y del resto de sus compatriotas. Quedaba así realizada, de modo oficial, la fundación de la colonia, el día 22 de abril de 1819, con el nombre de Fernandina de Jagua, en homenaje al monarca hispánico Fernando VII.
De inmediato, D’Clouet comenzó el trazado de las primeras calles, a las que dio, siguiendo la costumbre francesa, una configuración perfectamente cuadrada y uniforme, y delimitó el terreno que ocuparía la Plaza de Armas, alrededor de la cual se ubicarían las principales construcciones del gobierno de la colonia, conformando en poco tiempo el núcleo de la primitiva población.

El desarrollo de la colonia
Al siguiente año, en 1820, llegaron al lugar otros 382 colonos,.de los cuales 50 eran de Filadelfia, 74 de Baltimore, 13 de Nueva Orleans, 12 de Luisiana y los restantes 233 de diversos puntos de la Isla. La colonia progresó con tal rapidez que en 1822 se estableció en ella la Administración de Rentas Reales, y en 1823, hallándose D’Clouet en Madrid, presentó al Rey un informe sobre lo realizado en la colonia de Fernandina de Jagua y en el que le pedía, entre otras cosas, que se fijaran los límites definitivos de la colonia según los nuevos planos levantados por el Brigadier Honorato de Boullón, alto oficial de la comisión hidráulica designada por el gobierno de la Isla; el establecimiento de una factoría para fijar el precio del tabaco que ya se cultivaba en la región, y el nombramiento de la población como “Villa de Cienfuegos, Capital de la Colonia”, para que se perpetuara en ella el apellido de su digno general y protector.   
A pesar del elevado prestigio que tenía D’Clouet, su petición no fue aceptada, por razones desconocidas, hasta el 20 de mayo de 1829, en que por Real Orden del monarca Fernando VII, en atención a la solicitud expresa de Luis D’Clouet, se otorgó a la colonia el título de Villa de Cienfuegos, en homenaje al General José Cienfuegos y Jovellanos, Capitán General en la fecha de fundación, impulsor del proyecto original de D’Clouet y su principal apoyo ante la corona española.
Al propio tiempo se nombrada a Luis D’Clouet en el cargo de Gobernador político y militar de la Villa de Cienfuegos, en retribución a su inmejorable ejecutoria en el manejo de la organización y funcionamiento de la población por él fundada. Unos meses después, el 2 de octubre del propio año, se creaba el primer Ayuntamiento de Cienfuegos, con un cabildo compuesto por dos Alcaldes Ordinarios, un Alcalde Mayor, un Alcalde de la Santa Hermandad, un Regidor Alférez Real, un Alguacil Mayor, tres Regidores sencillos, un Síndico Procurador General y seis cargos más de inferior categoría.
Un último reconocimiento fue dado al fundador Luis D’Clouet, en atención a sus excelentes méritos en el funcionamiento de la villa, cuando por Real Decreto de la Reina Isabel II, de fecha 12 de julio de 1840,  se le hizo merced para él, sus hijos y sucesores, del título de Conde de la Fernandina.
La Villa de Cienfuegos cobró un nuevo impulso con la construcción del ferrocarril a Santa Clara, a pesar de lo cual se mantuvo muchos años con dicha denominación, durante los cuales continuó el incremento natural de su población y su desarrollo político, comercial y cultural, llegando a convertirse en una de las principales villas cubanas. El día 10 de diciembre de 1880,.por una Real Orden del monarca Alfonso XII, se le otorgó el título de Ciudad, alcanzando así el más alto nivel dentro de la organización político-administrativa de la Isla.

La Plaza de Armas
La Plaza de Armas fue el espacio seleccionado por D’Clouet como el centro de la población, donde se realizarían, cuando fuera necesario, ejercicios militares, y se plantarían algunos árboles en su contorno, de manera que guardasen la mayor simetría, para conformar un parque que sirviera a los colonos de lugar de reunión, y en sus alrededores debían ser construidas, como era usual en aquellos tiempos, las principales edificaciones religiosas y políticas de la colonia. Con el correr del tiempo, al finalizar el dominio español, la Plaza de Armas fue remozada para convertirla en el Parque de la Independencia, y en años posteriores, al levantarse en una de sus áreas la estatua del Apóstol José Martí, fue denominado Parque Martí. En su entorno se han levantado, a lo largo del tiempo (como era el criterio del fundador), importantes edificios, entre los que vale destacar la Catedral de la Purísima Concepción, el Palacio de Gobierno y el Teatro Tomás Terry. 

La Catedral
La colonia demoró algún tiempo en tener un lugar adecuado para la celebración de los actos religiosos. Tuvo que improvisarse en un barracón de guano, al que le dieron los colonos el nombre de Adoratorio, que luego se sustituyó por otro mejor fabricado. En este Adoratorio se dijo la primera misa el 30 de octubre de 1820, oficiada por Fray Antonio Loreto Sánchez, que era, a la sazón, Capellán del Castillo de Jagua y Cura de Almas de la Colonia. En 1832 se estableció el primer Curato de la villa se estableció en 1832 por Carta acordada del Rey y del Superior Consejo de Indias expedida el 20 de septiembre. A principios del siguiente año se estaba construyendo, frente a una esquina de la Plaza de Armas, la Iglesia Parroquial adecuada para una población que alcanzaba ya más de tres mil almas, y acometida la obra con gran impulso, se le dio término en ese mismo año de 1833, aunque con la falta de algunos elementos, y se puso bajo la advocación de la Purísima Concepción.
Durante algunos años, por carestía de recursos, la Iglesia Parroquial no contó con un pórtico donde acogerse los devotos en ciertas circunstancias, ni una torre donde colocar la campana y el reloj que hacía tiempo se guardaban en la propia iglesia, hasta que en 1846 el gobierno local, ayudado por muchas personas piadosas, creó una comisión compuesta por seis damas ilustres de la Villa, a fin de recaudar los dineros necesarios para concluir la obra, y de inmediato dichas damas organizaron un programa de festejos para la colecta pública, en el que se incluían veladas líricas, tertulias familiares, conciertos, bailes y hasta peleas de gallos, con lo que no tardaron en reunir los fondos requeridos, y con ellos se construyeron el pórtico y la torre y se fijaron la campana y el reloj.
Otras labores de reconstructivas se efectuaron a lo largo de los años, entre ellas el levantamiento de un nuevo altar y la erección de una segunda torre más alta, y en 1869 pudo por fin darse por terminada la construcción de la Iglesia Parroquial, que se inauguró el 8 de diciembre, con gran pompa y regocijo y la celebración de la misa y otros festejos religiosos para solemnizar la fiesta de la Purísima Concepción, bajo cuyo patrocinio se había puesto desde sus orígenes. De la antigua iglesia quedó muy poco, sobre todo la torre antigua más pequeña que la moderna, pero este aspecto, al decir de muchos cienfuegueros, comunicó gracia arquitectónica y singular belleza al edificio.
Solo pequeños detalles faltaron, que se concluyeron con los fondos procedentes de una colecta dirigida por el entusiasmo y energía del párroco interino, Fray Clemente Pereira, la que produjo más de seis mil pesos con los cuales quedó la Iglesia definitivamente terminada en 1881, convertida en una sólida construcción de tres naves, con 58 varas de fondo y 35 de  ancho, que embellece el histórico cuadrilátero de la Plaza de Armas, y que, años más tarde, en 1903, fue erigida en Catedral por Bula Papal de su Santidad León XIII, de fecha 20 de febrero de dicho año.

El Palacio de Gobierno
Como se dijo antes, el 2 de octubre de 1829 fue creado el primer Ayuntamiento de la Villa de Cienfuegos, y en los primeros años de la siguiente centuria se dio inicio a la construcción, junto al Parque de la Independencia, del Palacio de Gobierno, que albergaría las oficinas del Ayuntamiento y la Alcaldía de Cienfuegos. La edificación fue se interrumpió por un tiempo, motivada por acontecimientos no bien definidos, hasta que fue continuada en la década del veinte por la obra del Alcalde Pedro Antonio Aragonés, y finalmente se terminó en años cuarenta de aquel siglo. Sin embargo, desde mucho antes, ya era una de las construcciones más sobresalientes de la ciudad debido a su singular arquitectura, en la que se destaca su elevada cúpula de 35 metros de altura, que le da un hermoso aspecto.

El Teatro Terry
Entre las varias instituciones culturales con que cuenta Cienfuegos, una de las más importantes es, sin duda alguna, el Teatro Terry, levantado junto a la Plaza de Armas para honrar la memoria del benefactor de la ciudad, Tomás Terry y Adams, que nació en Caracas en 1806 y falleció en París en 1886. Sus herederos, a principios de 1887, separaron cien mil pesos de la inmensa fortuna que dejó, para destinarlos a la construcción de un gran teatro, cuyos productos serían destinados a obras de caridad y de instrucción pública. A ese efecto, se abrió un concurso en París para los proyectos de construcción, leke fue ganado por el ingeniero militar, de origen cubano, Lino Sánchez Mármol.
El 29 de diciembre de 1887, día de la festividad de Santo Tomás, se colocó la primera piedra en una ceremonia solemne que contó con la presencia de las autoridades civiles y militares y una gran afluencia de público que llenaba las cercanías de aquel lugar. Dos años y dos meses duró la construcción, y el 12 de febrero de 1890 tuvo lugar la inauguración del bello coliseo con grandes festejos. En el escenario del teatro se efectuó el acto oficial, con la asistencia de Francisco y Emilio Terry, los hijos del benefactor; los Diputados a Cortes Rafael Montoro y Julio Apezteguía; los presidentes del Casino Español, el Liceo y el Casino de Artesanos; el ingeniero militar Lino Sánchez Mármol, autor del proyecto; el pintor del interior del teatro, Camilo Salaya; directores de los periódicos locales y otras personalidades. El discurso inaugural estuvo a cargo del señor Rafael Montoro.
Al mes siguiente, el 11 de marzo, tuvo lugar la inauguración artística, con la presentación de la zarzuela española “El anillo de hierro”, escenificada por la compañía de Eusebio Ascué, y una orquesta de veinte profesores dirigida por el compositor y maestro José Marín Varona. Desde esa fecha el Teatro Terry fue visitado por diversas compañías de fama, y en 1891, el 5 de diciembre, trabajó allí, por primera vez, la destacada actriz cienfueguera, Luisa Martínez Casado.

Otras edificaciones importantes
El Liceo, una de las sociedades más renombradas de la ciudad y centro de reunión de los elementos cultos de la ciudad, fundado el 21 de junio de 1879. Fue también asiento de grupos conspirativos defensores de la revolución independentista, y muchos de sus miembros engrosaron las filas mambisas.

El Casino Español, construido por personalidades relevantes dentro del comercio y la industria de la ciudad, contrarios a la revolución independentista, inaugurado el 24 de junio de 1869.

El Yacht Club de Cienfuegos, la más importante sociedad de recreo de la ciudad, dedicada principalmente a los deportes náuticos. Fue fundado en 1918 y ubicado en un soberbio edificio del barrio de Punta Gorda, contando en su membresía con personalidades de las clases más aristocráticas de la ciudad.

El Teatro Luisa, el segundo teatro en importancia de Cienfuegos, dedicado a la ilustre actriz cienfueguera Luisa Martínez Casado, que se desempeñó con notable éxito en los más importantes escenarios teatrales de España y México.

El Palacio Valle, residencia particular del rico hombre de negocios Aciscio del Valle y Blanco, construido en un bello estilo morisco, en el barrio de Punta Gorda, entre los años 1916 y 1917. Constituye uno de los edificios más suntuosos de la ciudad.

El Cementerio Tomás Acea, construido por los albaceas testamentarios de la señora Francisca Tostes, viuda del benefactor de la ciudad, Nicolás Acea y de los Ríos, en cumplimiento de los deseos de su fallecido esposo, quien también pidió que se le diera al lugar el nombre de su hijo Tomás Acea y Terry. Es uno de los principales camposantos del país, construido en 1926 al estilo de los cementerios norteamericanos, y consiste en un amplio parque con unos tres kilómetros de avenidas en su interior, ornamentadas con arboledas de gran tamaño.

Otros pueblos:

Abreus
. Fue fundado en 1810 por los señores Fernando George, Joaquín Bermúdez y Lorenzo Ausquía, que fueron los primeros que edificaron viviendas en terrenos del Realengo San Segundo o Sitios de los Abreus, junto al camino que desde Yaguaramas por el río Alcalde Mayor se llega por la barca al río Damují. En 1846 se componía el caserío de 12 casas y 46 habitantes, los cuales fueron incrementándose al extremo que en 1878 se les concedió constituirse en Ayuntamiento, lo que verificó el 1º de enero de 1879.

Aguada de Pasajeros. Se constituyó el Término en 1921, segregándose del de Cienfuegos, siendo denominado Barrio del Oeste.

Cruces. Por el año 1852 era este lugar conocido por Sabana de Ibarra.y estaba dedicado a la crianza de ganado. En 1853, doña Faustina Bermúdez construyó, en el punto más alto del Hato de las Cruces, donde hoy hacen esquina las calles Máximo Gómez y Padre Las Casas, las primeras viviendas y más tarde llegaron con sus familias los primeros pobladores. Ya en 1855 la Empresa del Ferrocarril de Cienfuegos a Santa Clara había extendido sus paralelas hasta este lugar. El 1º de enero de1879 se constituyó su Ayuntamiento, siendo nombrado Alcalde don Alvaro Alvarez Miranda, y en ese propio año la mencionada Empresa del Ferrocarril cedió un solar para construir la Casa Consistorial y otros dos para la Iglesia Parroquial y la Plaza de Fernandina, que más tarde pasó a ser el Parque Martí.

Santa Isabel de las Lajas. Las primeras gestiones para la fundación del pueblo comenzaron a realizarse el 5 de abril de 1823 y el día 30 fueron cedidas dos caballerías de tierra por los comuneros de la Hacienda de Lajas y por acuerdo del Ayuntamiento de la Villa de Cienfuegos.

Prefijos usados para conformar la galería de imágenes de esta página:

a – Vistas generales

B – Vistas múltiples

C – Bahía y puerto

D – Castillo de Jagua

E – Parques y plazas

F – Calles y paseos

G – Monumentos

H – Iglesias y conventos

J – Hoteles

K – Teatros y cines

L – Sociedades y clubes

M – Colegios y escuelas

N – Otros edificios

O – Acontecimientos urbanos

P – Punta Gorda

Q – Sitios de recreo

R – Otros lugares

S – Ríos y puentes

T – Centrales azucareros

U – Escenas rurales

X – Otros pueblos: Abreus, Aguada de Pasajeros, Ciego Montero,