"LA AVIACION EN CUBA A TRAVES DE LAS TARJETAS POSTALES"

Descripción
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La historia de la aviación resulta apasionante cuando tratamos de repasarla a través de las pocas imágenes que han quedado de aquellos primeros tiempos en que unos raros aparatos se elevaron  por los aires desafiando a la gravedad para asombro del hombre que incrédulo no alcanzaba a entender las leyes que hacían posible un hecho tan inusitado.  

En el caso de las tarjetas postales se hace difícil formar una colección al respecto porque no fueron muchas las emisiones que le fueron dedicadas en Cuba a una actividad que solo contó con hechos aislados durante las primeras décadas del siglo. Son más bien piezas de tipo fotográfico las que han perdurado debido a  las características propias de este tipo de suceso. De todas formas no hemos querido dejar de exponer la pequeña colección que hemos ido formando con los años por lo interesante que resulta. Para disfrutarla se impone en primer término revisar una ligera reseña sobre el desarrollo de la aviación en nuestro país. Veamos:

Sus orígenes
Los orígenes de la aviación en nuestro país provienen del Viejo Continente, cuando a finales del siglo XVIII el hombre, desafiando la ley de gravedad, se elevó por los aires en un globo, por primera vez en la historia. Fueron los primeros precursores de este gran acontecimiento los hermanos franceses Joseph y Etienne Montgolfier, los que fabricaron un globo de tela forrado de papel que se remontó, en junio de 1783, hasta una altura de 1800 metros, en la localidad de Annonay, Francia.
Otros aeronautas europeos siguieron a los Montgolfier y realizaron diversas ascensiones en globos durante los últimos años de aquella centuria, y desde 1796 eran ya conocidos en Cuba tales eventos aeronáuticos, por las noticias que sobre ellos aparecieron en el Papel Periódico de La Habana, la primera publicación de su tipo que se editó en nuestro país.

Aeronautas franceses en Cuba
El primer aeronauta que voló en un globo en Cuba fue el francés Eugenio Robertson, quien realizó una ascensión en La Habana, desde la Plaza de Toros del Campo de Marte, el 19 de marzo de 1828, fecha del cumpleaños de la reina de España Isabel II, coincidiendo además con los festejos que se preparaban para celebrar la inauguración del Templete. Su éxito fue tan notable que en el curso de los próximos seis meses realizó dos ascensiones más, partiendo después hacia Nueva York.

A este francés le siguió otro, Adolfo Theodore, diamantista y joyero radicado en La Habana desde hacía varios años, quien conociendo del interés de las autoridades por continuar celebrando los cumpleaños de la reina española, se ofreció para volar en la fecha del 19 de marzo, en un globo de 1500 pies cúbicos de capacidad, que él mismo había fabricado. Aceptada su oferta, realizó dos ascensiones en 1830 y 1831. En un tercer vuelo, el 30 de mayo de 1833, vientos desfavorables lo llevaron hacia el mar, haciéndolo naufragar a una legua del Castillo del Morro, donde fue rescatado por unos pescadores, suceso que constituyó el primer accidente aéreo ocurrido en nuestro país.

Muchos años después, en 1856, arribó a La Habana el más grande aeronauta de aquellos tiempos, el francés Eugène Godard, quien había efectuado múltiples ascensiones en el Viejo Continente y realizaría un vuelo en nuestra capital, acompañado por varias personas más. Godard traía consigo su globo “La Villa de París”, de 20 000 pies cúbicos de capacidad, y tal como se anunció, el día 24 de marzo de aquel año, en medio de una multitud que llenaba el Campo de Marte, se elevó por los aires, en compañía de su esposa y los entusiastas jóvenes habaneros Cándido Vermay, Florencio Villuendas y Pantaleón Machado, los cuales, según decía la prensa, “no hablaron de otra cosa durante varios días”. El vuelo alcanzó 1200 pies de altura y duró unos  45 minutos, descendiendo, casi de noche, en la estancia de José María Valdés Rodríguez, cerca del Cotorro.

El primer aeronauta cubano
Por aquellos días en que Adolfo Theodore volaba en nuestra capital, un hojalatero cubano, José Domingo Blinó, provisto de una gran inventiva y contagiado con los éxitos de la aeronáutica, construyó un globo en el patio de su casa y fabricó además el gas hidrógeno que necesitaba para elevarse. Puesto de acuerdo con las autoridades, se elevó desde la Plaza de Toros del Campo de Marte el 31 de mayo de 1831, a las seis y cuarto de la tarde. Cuando se hallaba a trescientos metros de altura, soltó en sendos paracaídas, que también había fabricado, dos perritos que llegaron a tierra sin novedad. Después arrojó sobre la muchedumbre que lo aclamaba palomas, flores y poesías de su propia inspiración. Por último, descendió a las ocho y media de la noche en el potrero San José, en Quiebra Hacha, provincia de Pinar del Río.

Las actividades del primer aeronauta cubano finalizaron en Matanzas el 6 de noviembre del mismo año 1831. Cuando se preparaba para una nueva ascensión, uno de sus ayudantes, por error,  soltó las amarras del globo antes de que Blinó lo tripulara y el aparato se elevó con rapidez y pronto se perdió de vista, sin que se conociera donde había descendido, ya que nunca más se le volvió a encontrar. Poco después de aquel incidente, Blinó viajó a Nueva York, según se decía, para tratar de adquirir un nuevo globo, aunque no se sabe el resultado de sus gestiones. Después de unos días de ausencia, decidió volver a Cuba, pero enfermó gravemente durante la travesía, por causa de un viejo padecimiento, y murió en el barco en que regresaba, siendo su cadáver arrojado al mar.

El primer mártir de la aeronáutica en Cuba
Las enseñanzas del francés Godard hicieron que muchos jóvenes habaneros aspiraran a convertirse en aeronautas, pero también en aquel tiempo se encontraba aquí un portugués llamado Matías Pérez, residente en la capital cubana, que se dedicaba a la fabricación de toldos, labor que desempeñaba con gran habilidad por lo que era conocido con el sobrenombre de “El Rey de los Tolderos”. Disfrutaba de una vida tranquila y apacible hasta que llegó Godard, que además de realizar varios vuelos desde el Campo de Marte, ofreció en el Teatro Tacón una serie de interesantes charlas sobre la aeronáutica. Matías se convirtió en su discípulo más apasionado. No se perdía ninguna de sus ascensiones ni de sus charlas. Todo lo anotaba y se lo aprendía, y pronto logró relacionarse con el francés, llegando incluso, según se decía entonces, a hacerle las necesarias reparaciones en las cubiertas de sus globos. Pero no se conformaba con los conocimientos teóricos, sino que deseaba llevarlos a la práctica, y con ese fin acompañó a Godard en algunos de sus vuelos y fue uno de sus mejores auxiliares, hasta que adquirió la experiencia suficiente para convertirse en aeronauta y efectuar una ascensión en solitario por su cuenta y riesgo.

Con ese fin, le compró a Godard su globo “La Villa de París”, y el 12 de julio de 1856, en medio de una muchedumbre que lo aclamaba, soltó las amarras y se elevó por primera vez sin dificultad alguna, aunque por un problema con la válvula del gas, después de haber logrado una gran altura, tuvo que descender con rapidez sin poder continuar su vuelo, aterrizando en el Husillo, a unas dos millas del Cerro. Pero no se amilanó por ese fracaso y pronto se preparó para una nueva ascensión, que efectuó al atardecer del día 29 del propio mes, en presencia del capitán general y toda la jerarquía civil y militar del gobierno, además de la mayor muchedumbre nunca antes reunida en otros eventos similares. Sin embargo, en esta ocasión las condiciones atmosféricas no eran las más favorables y fuertes vientos lo llevaron rápidamente hacia el mar perdiéndose de vista para no volver a aparecer jamás. Fue este portugués la primera víctima fatal de los vuelos aerostáticos en nuestro país, y dio pie para la expresión popular que se decía cuando desaparecía alguna persona: “Voló como Matías Pérez”.

El primer vuelo de un aeroplano en Cuba
En los inicios del siglo XX comenzaron las primeras demostraciones que efectuaban los aeroplanos gracias a los progresos que se alcanzaban en los ensayos con los aparatos más pesados que el aire. Fueron precursores de este nuevo “arte de volar” los hermanos Wilbur y Orville Wright, Louis Bleriot, Alberto Santos Dumont y otros talentosos hombres, que finalmente lograron elevarse y sostenerse en el aire mediante el desarrollo del motor de explosión.

En nuestro país era muy grande el interés que existía por los vuelos de los aeroplanos, como había sido antes por los globos, y la población solo pudo disfrutar de pequeñas exhibiciones que hizo con un globo dirigible el aviador norteamericano Lincoln Beachy. Por fin un día se anunció por la prensa la llegada de dos aviadores franceses con sus respectivos aeroplanos, Grass Belletin, piloto de un avión Bleriot, y André Bellot, con un biplano Voisin de 60 HP, los que arribaron el 3 de mayo de 1910. El lugar destinado para las exhibiciones fue el Hipódromo de Almendares, perteneciente a la Cuban Racing Association, un sitio que al principio los aviadores no consideraron adecuado por su cercanía al mar y la posible ocurrencia de fuertes vientos, pero finalmente realizaron allí, como ensayo, su primer vuelo en la tarde del día 7 de mayo, que fue efectuado por Bellot con su biplano Voisin. La nave se elevó sin dificultad y recorrió unos 2 000 metros en 5 minutos, a una altura de unos 40 metros, pero allí la sorprendió la fuerza del viento que la arrastraba en dirección al mar; sin embargo, el hábil piloto logró virar y regresar a tierra, aunque se vio precisado a descender en una manigua cercana al Hipódromo, donde fue rápidamente rescatado.

Precursores de la aviación cubana

Agustín Parlá Orduñas, primer aviador cubano

Agustín Parlá Orduñas nació en Cayo Hueso, Estados Unidos, el 11 de octubre de 1887, hijo de un emigrado cubano en aquella ciudad. Regresada la familia a La Habana al cesar la dominación española, el joven Agustín comenzó a interesarse por la aviación a causa de las exhibiciones que realizaron Beachy, en 1909, y Bellot, en 1910, y nació en él una verdadera afición que se desarrollaba a medida que conocía los progresos que poco a poco se iban logrando en Europa y en los Estados Unidos.

Laboraba como intérprete en el hotel Perla de Cuba cuando un día conoció al norteamericano Charles F. Walsh y al canadiense John McCurdy, pilotos del Circuito Curtiss, que habían venido a Cuba para hacer varias exhibiciones, y les demostró tanto interés y deseos de convertirse en aviador, que al realizar Walsh su primer vuelo, el 2 de enero de 1912, llevó en el avión, como pasajero, a Parlá, y quedó tan satisfecho con su comportamiento que no vaciló en afirmar después que aquel joven tan capaz y valiente llegaría a ser, en breve tiempo, el primer aviador cubano. A ese efecto, recomendado por los citados pilotos, ingresó Parlá en la Escuela de la Compañía Curtiss, en Miami, donde obtuvo con rapidez tan grandes progresos en su aprendizaje, que su instructor lo calificó como “el mejor alumno del grupo”. Allí realizó su primer vuelo el 4 de febrero, que comp0leto satisfactoriamente, y el 20 de abril recibió el título de Piloto Aéreo, el primero que otorgaba la escuela a un cubano.

De regreso a La Habana, Parlá quiso comprar su propio avión, pero no tenía el dinero necesario. Sin embargo, ayudado por un grupo de jóvenes entusiastas de la Acera del Louvre, logró reunir la cantidad de 5,000 pesos y adquirió un hidroplano Curtiss, tipo militar, con el cual se dispuso a participar en el concurso convocado por el Ayuntamiento habanero para efectuar el primer vuelo Cayo Hueso-Habana, partiendo para aquella ciudad donde se encontró con un competidor: Domingo Rosillo. Este salió el sábado 18 de mayo de 1913, a las seis de la mañana, y dos horas y media más tarde aterrizó en el Campamento de Columbia completando el histórico vuelo, mientras que Parlá no pudo salir, por desarreglos de su motor, hasta el día siguiente, cuando consiguió partir en medio de un tiempo bastante tormentoso que lo obligó a desviarse de la ruta programada en más de 50 kilómetros, aterrizando en la bahía del Mariel, con lo que logró, en realidad, el primer vuelo Cayo Hueso-Mariel. Unos días más tarde, finalizó su memorable vuelo saliendo del Mariel hacia La Habana, en lo que representó, en aquellos momentos, el mayor recorrido llevado a cabo por un avión  en territorio cubano. 

Parlá realizó poco después, un recorrido aéreo de propaganda para conquistar por el aire a toda la Isla, con demostraciones en Marianao, Matanzas, Varadero, Cienfuegos, y por último, en la provincia oriental, volando sobre la Sierra Maestra. Efectuó la primera demostración de vuelo nocturno y fue el primer propulsor del transporte aéreo de mercancías. En el orden administrativo fue nombrado director de la Compañía Aérea Cubana, y más adelante, primer Inspector General de Aeropuertos, importante cargo que desempeñó cabalmente durante más de diez años, hasta que fue injustamente despedido por intrigas personales e incomprensión de algunos funcionarios, nefasta acción que lo llevó a una grave crisis depresiva que culminó en la muerte por sus propias manos el 31 de julio de 1946.

Domingo Rosillo del Toro
Otro de los grandes pilotos de la aviación cubana fue Domingo Rosillo del Toro, nacido en Orán, Argelia, de padres españoles, el 28 de diciembre de 1878. Apasionado por la aeronáutica desde niño, su afición se multiplicó al venir con sus padres a Cuba y presenciar las exhibiciones realizadas por los primeros aviadores extranjeros que vinieron a La Habana.

Su familia era de bajos recursos, pero gracias a la ayuda que le prestaron buenos amigos, pudo Rosillo viajar a París, donde ingresó en la Escuela de Louis Bleriot, y tuvo la ocasión de presenciar el inicio del vuelo realizado en 1909 por este aviador francés, en un monoplano Morane, desde Calais hasta Dover, cruzando el Canal de la Mancha. Aquella experiencia influyó de manera notable en Rosillo, que continuó después sus estudios de aeronáutica en la Escuela de Morane Saulnier, el constructor de aquel avión utilizado por Bleriot que mucho le llamó la atención al cubano. Al terminar sus estudios, en 1912, Rosillo se graduó de piloto aviador con uno de los mejores expedientes, y recibió de la Commission Sportive Aeronautique el carnet número 974, que lo acreditaba como el segundo aviador cubano graduado en París, aventajado solo por Agustín Parlá que lo había hecho seis meses antes. Finalizando su estancia en Francia, y de nuevo ayudado por sus amigos y por los dueños de la casa comercial Estrada y Salas, que habían tomado al cubano bajo su protección, Rosillo adquirió un avión Morane, con motor Gnome de 7 cilindros y 50 HP, y lo trajo a La Habana, adonde llegó el 13 de marzo de 1913. De inmediato, comenzó sus prácticas y exhibiciones, efectuadas en el Aeroclub de Columbia, en una de las cuales batió el record de altura (7 859 pies), que hasta entonces estaba en poder del francés Roland Garros.

Poco después el Ayuntamiento habanero ofreció un premio de 10 000 pesos para el aviador que efectuara un vuelo desde Cayo Hueso hasta La Habana, oportunidad que era esperada ansiosamente por Rosillo, el cual unos días más tarde estaba ya en Cayo Hueso con su avión, listo para emprender la arriesgada travesía nunca antes efectuada. El sábado 18 de mayo de 1913, a las 6 de la mañana, despegó en su monoplano Morane desde la isla Trumbo, en Cayo Hueso, hacia la capital cubana. Lo custodiaban en alta mar las cañoneras cubanas Hatuey y 24 de Febrero junto con el crucero Patria y dos naves de la marina norteamericana, para el caso de que hubiera que prestarle algún auxilio; pero esto no fue necesario pues el Morane llegó sin novedad 2 horas y 35 minutos más tarde, aterrizando en el campo de aviación de Columbia después de volar 184 kilómetros sobre el mar, hazaña con la que estableció otro record mundial.

Tras realizar aquel histórico vuelo, Rosillo fue aclamado como héroe de la aviación y recibió múltiples honores y homenajes, pero no descansó en sus actividades, y poco después emprendía en su avión un amplio recorrido por toda la isla, visitando más de 20 ciudades. Rosillo se mantuvo un tiempo realizando exhibiciones con su monoplano Morane, pero sus recursos económicos siempre fueron escasos y las posibilidades que le podían brindar los gobiernos de la época, así como su bien ganada popularidad, disminuyeron con los años, lo cual lo obligó a deshacerse de su querido avión Morane y aceptar, en 1918, un cargo de profesor y más tarde como director de la Escuela de Aviación de Barcelona, actividad que lo mantuvo 20 años fuera de Cuba. Finalmente, en 1938, viendo afectada su labor por la Guerra Civil, decidió regresar definitivamente a La Habana, donde a su llegada fue objeto de un cordial recibimiento en recordación de sus pasadas glorias. En 1938, al cumplirse 25 años del memorable vuelo Cayo Hueso-Habana, se le brindó la oportunidad de realizar de nuevo aquella hazaña, esta vez en un avión cuatrimotor. A su regreso fue objeto una vez más de grandes honores, se le condecoró con la Orden Nacional Carlos Manuel de Céspedes en el grado de Caballero, y se le hicieron otros homenajes muy bien merecidos. Pero todo aquello no resolvió su precaria situación económica, que llegó a ser crítica, pues contaba solo con una pequeña pensión otorgada por la Cruz Roja Cubana. Así pasó sus últimos años esta gloria de la aviación cubana, hasta fallecer en La Habana, en estado de pobreza, un mes antes de cumplir 80 años de edad, el 28 de noviembre de 1958.

Jaime González Crocier
El más joven de los precursores de la aviación cubana fue Jaime González Crocier, nacido en Cienfuegos el 13 de febrero de 1892. Cursó la primera enseñanza en el Colegio de los Escolapios de su ciudad natal y después se graduó como mecánico electricista en la Escuela de Artes y Oficios, pero su innata afición lo condujo desde muy joven hacia todo lo concerniente con la aviación, que en aquellos tiempos era la sensación del momento. Fue así que en 1907, con sólo quince años de edad, construyó un pequeño artefacto que podía elevar por medio de un cable desde un automóvil. Cinco años después, conoció al aviador Charles F. Walsh, que visitó a Cienfuegos el 12 de febrero de 1912, para realizar varias exhibiciones, y logró que éste lo llevara como pasajero en algunos de sus vuelos, como había hecho con Parlá el mes anterior.

En 1913 logró viajar a Francia para realizar su deseo de convertirse en piloto aviador, ingresando en la Escuela Bleriot de Chateaufort, donde recibió su entrenamiento por el propio Louis Bleriot. Pasó con notable éxito las más rigurosas pruebas y finalmente, el 15 de diciembre del mismo año, recibió su licencia como piloto aviador número 1566 de la Federación Aeronáutica Internacional. Al graduarse, auxiliado con medios económicos por amigos cienfuegueros, logró adquirir un monoplano Morane Soulnier de 100 HP, con el que regresó a Cuba en el vapor Bavaria, llegando a La Habana el 21 de febrero de 1914 y partiendo de inmediato a Cienfuegos para iniciar su entrenamiento a fin de participar en un concurso convocado por el Ayuntamiento de aquella ciudad, con un premio de 500 pesos, para realizar el primer vuelo Cienfuegos-Habana. Previamente llevó a cabo un prolongado recorrido aéreo por varias ciudades del centro de la Isla, y por último, el 20 de mayo de aquel año partió desde los terrenos de la Clínica San Rafael, en Cienfuegos, en uno de los vuelos más largos de aquella época, cubriendo la distancia de 285 kilómetros, sin escalas, en tiempo record de 2 horas, aterrizando en la capital cubana, en los terrenos del campamento de Columbia.

El 24 de mayo de 1915, González Crocier realizó el primer vuelo Santiago de Cuba-Habana, con varias escalas en su recorrido y con una duración total  de 7 horas, y en el mes siguiente ingresó en el Ejército Constitucional donde alcanzó el grado de teniente aviador, efectuando importantes vuelos de reconocimiento y transporte en campañas militares de la época.

En la mañana del 4 de julio de 1920, partió en su avión Morane desde la finca “La Bien Aparecida”, en el habanero barrio de Luyanó, con rumbo a Jagüey Grande, y de repente el aparato perdió velocidad y cayó desde una altura de 15 metros, en la finca “La Fernanda”, cerca del Puente Alcoy, muriendo al instante el joven piloto, con solo 28 años de edad.

Los vuelos de buena voluntad
Desde la época de los vuelos en globos se pensaba en cruzar el océano Atlántico entre América y Europa. El 15 de octubre de 1910 un aeronauta norteamericano, Walter Wollman, partió de Atlantic City en un globo dirigible y tres días más tarde tuvo que ser rescatado en medio del océano. El francés Eugene Godard, hallándose en Nueva Orleans, proyectó volver a Francia volando a través del mar, aprovechando las corrientes de aire que estudiaba cuidadosamente, pero luego desistió de su propósito. En igual sentido se manifestaron los primeros que manejaron aeroplanos en Cuba, entre ellos  Parlá y Rosillo, aunque sus ideas no se materializaron.

El 27 de marzo de 1927 llegó a La Habana el coronel español Francisco Pinedo, en el hidroavión “Santa María”, en su Vuelo de Buena Voluntad a varios países latinoamericanos, procedente de Italia. Hizo una breve escala en la capital cubana, donde le ofreció un banquete la colonia italiana, y a la mañana siguiente partió hacia Nueva Orleans, efectuando así la primera conexión aérea de La Habana con dicha ciudad.

El 8 de febrero de 1928 aterrizo en nuestra capital, procedente de Haití y República Dominicana, el célebre aviador Charles A. Lindbergh, piloteando su avión “Spirit of Sr. Louis”. El día 12 realizó otro vuelo sobre La Habana en un trimotor Fokker, invitando a volar con él, como pasajero, al presidente de la República general Gerardo Machado y Morales. El mandatario, a quien le entusiasmaba mucho la aviación, aceptó el ofrecimiento, convirtiéndose así en el primer presidente cubano que volaba en un avión.

El vuelo Madrid-Sevilla-Habana de Jiménez e Iglesias
Tres meses después de la visita de Lindbergh, el 17 de mayo de 1928, arribaron a La Habana los capitanes del ejército español Ignacio Jiménez Martín y Francisco Iglesias Brago, en el avión Breguet “Jesús del Gran Poder”, los que habían salido el 26 de marzo desde el aeródromo de La Tablada, en Madrid, y de allí a Sevilla, en un vuelo de buena voluntad por varios países latinoamericanos, visitando a Brasil, Argentina, Chile, Perú, Panamá, Nicaragua, Guatemala y Cuba, donde finalizaron el largo recorrido de 21 105 kilómetros, con un tiempo total de vuelo de 119 horas. Los aviadores españoles participaron en los festejos del 20 de mayo, aniversario de la proclamación de la República, y poco después regresaron a su país en el crucero español “Almirante Cervera”, llevando consigo su avión “Jesús del Gran Poder”, previamente desmantelado.

El vuelo Sevilla-Camagüey-Habana de Barberán y Collar
El 11 de junio de 1933 arribó a Camagüey procedente de Sevilla, el histórico avión Breguet Hispano-Suizo “Cuatro Vientos”, de 850 HP, tripulado por el capitán Mariano Barberán y Tros y el teniente Joaquín Collar y Serra, ambos oficiales del ejército español, cubriendo una distancia de 4 533 millas sobre el mar en poco menos de 40 horas. Tras una corta estancia en aquella ciudad, continuaron hacia La Habana, aterrizando el día 12 en el campamento de Columbia. En la capital cubana fueron recibidos como los verdaderos conquistadores del Atlántico, ya que lo habían atravesado por su parte más ancha siguiendo una línea recta desde España hasta Cuba, que correspondía, con poca diferencia, a la que siguió el navegante Cristóbal Colón desde Palos de Moguer en 1492. Después de unos días de estancia en La Habana, en la madrugada del 20 de junio partieron con rumbo a México, en “noche inclemente”, según comunicaba el Observatorio Nacional, sin que más nunca se volviera a saber de ellos.

El vuelo Habana-Camagüey-Sevilla de Antonio Menéndez Peláez
En correspondencia con el vuelo de Barberán y Collar, el 10 de enero de 1936, realizó la travesía inversa el teniente de la Marina de Guerra cubana Antonio Menéndez Peláez, en el avión Lockheed “4 de Septiembre”, partiendo de La Habana a Camagüey y de allí, con escalas en Venezuela, Natal y Dakar, hasta el aeropuerto de La Tablada, en Madrid, continuando después hasta Sevilla para concluir su histórico vuelo, que lo convirtió en el primer aviador cubano en cruzar el Atlántico. Menéndez Peláez fue desde muy joven un apasionado de la aviación. En 1934 se alistó en la Marina de Guerra como soldado de infantería y al año siguiente fue promovido a oficial aviador con el grado de teniente. Su memorable vuelo transatlántico le valió ser ascendido, por decreto presidencial de 14 de febrero de 1936, al grado de primer teniente. 

El Vuelo Panamericano Pro-Faro de Colón
En 1923, la Quinta Conferencia Internacional Americana celebrada en Santiago de Chile, resolvió solicitar a los gobiernos del continente la construcción, en la República Dominicana, de un faro monumental en honor al navegante Cristóbal Colón, el cual llevaría su nombre. La contribución cubana fue la realización de un vuelo de buena voluntad por 27 países americanos, auspiciado por la Sociedad Colombista Panamericana, a fin de recabar los aportes monetarios que requería dicha construcción. Para llevar a cabo esta gran travesía, que tomó el nombre de “Vuelo Panamericano Pro-Faro de Colón”. fue creada una escuadrilla compuesta por tres aviones cubanos y uno dominicano, que fueron: el avión “Santa María”, un Stimson Reliant, con motor de 285 HP, comandado por el teniente Antonio Menéndez Peláez, llevando como mecánico de vuelo a Manuel Naranjo Ríos, cabo de la Marina de Guerra, y como pasajero al destacado periodista de la época Ruy de Lugo Viña, de la redacción del periódico El Mundo, nombrado Cronista Oficial del vuelo; el avión “La Pinta”, otro Stimson Reliant como el anterior, piloteado por el teniente del Ejército Constitucional Alfredo Jiménez Alum, y como mecánico el sargento Pedro Castillo Oliva; el avión “La Niña”, similar a los dos anteriores, tripulado por el teniente de la Marina de Guerra Feliciano Risech Amat, con su mecánico Roberto Medina Pérez, sargento de la Marina de Guerra; y el avión “Colón”, un Curtiss de 420 HP, comandado por el mayor Frank Félix Miranda, del Ejército Nacional Dominicano, y de mecánico el sargento del mismo cuerpo Ernesto Tejada Matos.

El 11 de noviembre de 1937 salieron desde Columbia los tres aviones cubanos hasta el campo de aviación Miraflores, en la capital dominicana, para unirse con el avión “Colón”, y partir de alli la escuadrilla al siguiente día, dando inicio al Vuelo Panamericano Pro-Faro de Colón. Este se realizó sin mayores incidentes hasta el fatídico día 29 de diciembre, en que volando desde Cali, Colombia, hacia Panamá, cuando ya se había cumplido más de la mitad de la travesía programada, la escuadrilla fue sorprendida por una terrible tormenta que hizo caer a tierra los tres aviones cubanos, perdiendo la vida todos sus ocupantes. Solo el avión dominicano, que volaba en la retaguardia y era de mayor potencia que los cubanos, pudo elevarse sobre la tormenta y fue el único sobreviviente del vuelo.

Campos de aviación
Ya hemos mencionado que los vuelos en globos efectuados en Cuba, durante la etapa colonial, partían de la Plaza de Toros, en el Campo de Marte, lugar que años más tarde se convirtió en el Parque Colón y después en el Parque de la Fraternidad. En la República, el aeronauta y aviador norteamericano Lincoln Beachy realizó el 2 de enero de 1908 uno de los últimos vuelos en globo reportados en la capital cubana, utilizando un pequeño dirigible, con el que se elevó desde los terrenos del campo deportivo Almendares Park. En esa ocasión se exhibieron también allí, en tierra, los dos primeros aeroplanos que se trajeron a Cuba.

También hemos visto que el primer vuelo de un aeroplano en Cuba, realizado el 7 de mayo de 1910 por el piloto francés André Bellot en un biplano Voisin de 60 HP, tuvo su partida desde el Hipódromo de Almendares, lugar que por su cercanía al mar, donde se originaban fuertes corrientes de aire, no era el más adecuado para las exhibiciones aéreas, lo que se comprobó con el percance sufrido por Bellot, que gracias a su vasta experiencia pudo controlar su avión y aterrizar sin que se produjera un desastre.

El 1 de febrero de 1911 comenzaron las exhibiciones aéreas en La Habana, desde el campamento militar de Columbia, ofrecidas por los aviadores Lincoln Beachy, John McCurdy y otros pilotos del Circuito Curtiss. El día 5 McCurdy realizó su primera exhibición, saliendo desde el mencionado campo y volando hasta la farola del Morro, donde maniobró a su alrededor para regresar al punto de partida.

Aunque el Campo Militar de Columbia estaba situado en Marianao, lejos del centro de la ciudad, debido a su gran tamaño fue el sitio más utilizado por la aviación cubana de la época, y aun después de construido el aeropuerto de La Habana en 1930, se siguió usando aquel campo para los vuelos más trascendentales de su tiempo. Recordemos que en Columbia aterrizaron Barberán y Collar al concluir su histórico viaje en 1933; de allí partió Menéndez Peláez rumbo a Sevilla en 1936, así como los aviones cubanos que participaron en el vuelo Pro-Faro de Colón en 1937. Sin embargo, había también otros terrenos que sirvieron como campos de aviación, entre ellos el de La Coronela, en Marianao, y el de la finca “La Bien Aparecida”, en Luyanó, usado en varias ocasiones por Jaime González Crocier y de donde partió en su último vuelo el 4 de julio de 1920.

Aeropuertos habaneros
El Campo Militar de Columbia fue severamente afectado por el ciclón que azotó La Habana en octubre de 1926, que destruyó en aquel lugar todos sus hangares. La instalación fue después reconstruida y se le dio al campo de aviación el nombre de Aeropuerto de Columbia. En 1927 la compañía norteamericana Pan American Airways firmó un contrato con el gobierno cubano estableciendo la línea comercial Cayo Hueso-Habana y construyó en el Aeropuerto de Columbia una terminal aérea que fue inaugurada con el primer vuelo regular de pasajeros entre Cayo Hueso y La Habana, el 16 de  enero de 1928.

El 24 de febrero de 1930, en el poblado de Rancho Boyeros, al sur de La Habana, el presidente de la República Gerardo Machado y Morales inauguró oficialmente el principal aeropuerto del país, dándole el nombre de Aeropuerto Internacional “Gerardo Machado”. Después de la caída de su gobierno, el nombre del aeropuerto fue cambiado por el de Aeropuerto Internacional “José Martí”.

Compañías aéreas
A fines de octubre de 1919 se constituyó la Compañía Aérea Cubana, bajo la presidencia del señor Aníbal de Mesa, y se adquirieron en Francia varios aviones Farman, dejándose establecidas las líneas nacionales a Cienfuegos y Santiago de Cuba y las líneas internacionales a Miami y Nueva York. En noviembre llegaron los primeros aviadores contratados por esta compañía, siendo uno de ellos Henri de Kerellis, aviador veterano de la guerra, así como los pilotos Lucien Coupet y Guy de Roig. Casi dos años después, en septiembre de 1921, afectada por la grave crisis económica que conmovió al país en aquellos años, la Compañía Aérea Cubana cesó sus operaciones.

El 8 de octubre de 1929 fue creada la Compañía Nacional Cubana de Aviación Curtiss, S.A., presidida por el norteamericano William Pawley, y se adquirieron sus primeros aviones Curtiss Robins, que en los dos primeros años de operaciones volaron en todas las líneas nacionales cubanas. Tres años después, el 22 de marzo de 1932, la compañía norteamericana Pan American Airways compró las acciones de la Compañía Nacional Cubana de Aviación Curtiss, S.A., la que desde entonces se denominó Compañía Nacional Cubana de Aviación, S.A., hasta que el 1 de febrero de 1944 se hizo un nuevo cambio de nombre por el de Compañía Cubana de Aviación, S.A., identificada sencillamente como “Cubana de Aviación”. Entre 1945 y 1953 la Pan American Airways vendió gradualmente todas sus acciones a inversionistas privados cubanos, cesando así su control sobre Cubana de Aviación, que pasó a ser una empresa totalmente nacional.

Prefijos usados para organizar las imagenes de la coleccion que mostramos:

A – Primeros vuelos

B – Precursores de la aviación cubana

            Agustín Parlá Orduñas

            Domingo Rosillo del Toro

            Jaime González Crocier

C – Vuelos de buena voluntad

            Jiménez e Iglesias

            Barberán y Collar

            Antonio Menéndez Peláez

            Vuelo Pro-Faro de Colón

D – Aviones antiguos

E – Accidentes de aviación

F – Montajes fotográficos

G – Aviones modernos

Listado de las imágenes que componen la galería de esta página:

No. -- Descripción -- Emisión

A-01 -- (Imagen de un hombre de pie delante de un avión antiguo) -- Indeterminada

A-02  -- (Imagen de un hombre sentado al timón de un avión antiguo) -- Indeterminada

B-01 -- Recuerdo del vuelo Key West-Mariel-Habana – (Imagen de Agustín Parlá y la bahía del Mariel) -- Indeterminada

B-02 -- A. Parlá. “Raid” Key West-Mariel – Recorrido 117 millas – V-19-1913 -- Indeterminada

B-11 -- Record Key West-Habana – 17 mayo 1913 – Domingo Rosillo -- Indeterminada

B-21 -- Recuerdo del aviador cubano Jaime González -- Imprenta Valero

B-22 -- (Imagen de Jaime González con un pasajero en su avión) -- Indeterminada

B-23 -- (Imagen de Jaime González mostrándole su avión a otra persona) -- A. Otero, Cienfuegos

B-24 -- (Imagen de Jaime González en su avión aún en tierra) -- Indeterminada

B-25 -- (Imagen de un avión que parece ser el de Jaime González) -- Indeterminada

B-26 -- (Imagen de un piloto que parece ser Jaime González sobre su avión) -- Indeterminada

C-01 -- Jiménez fuma Billiken – Iglesias fuma La Moda – Capitán Jiménez – Capitán Iglesias -- Indeterminada

C-02 -- Capitán Jiménez – Capitán Iglesias  -- Indeterminada

C-03 -- Chateau Madrid - ¡Bienvenidos! – Cap. Iglesias – Cap. Jiménez – Habana Cuba – Restaurant-Garden – Carretera Central y Jaimanitas -- Indeterminada

C-04 -- Retrato de Cap. Iglesias y Cap. Jiménez,  -- Indeterminada

C-05 -- Llegada del Jesús del Gran Poder. -- Cigarros Gener

C-06 -- Jiménez e Iglesias dan las gracias por su recibimiento -- Cigarros Gener

C-07 -- Jiménez e Iglesias – un aspecto de su llegada. -- Cigarros Gener

C-11 -- Gloria a los Héroes del Vuelo Sevilla-Cuba – 1933 (Imagen de Mariano Barberán y Jesús Collar, y el avión “Cuatro Vientos”) -- Indeterminada

C-12 -- Capitán Barberán – Teniente Collar -- M. C. Barrio – Foto

 C-13 -- (Imagen de Barberán y Collar a su llegada a Camagüey) -- Indeterminada

C-14 -- (Recibimiento a Barberán y Collar) -- Indeterminada

C-15 -- (Recibimiento a Barberán y Collar) -- Indeterminada

C-16 -- (Recibimiento a Barberán y Collar) -- Indeterminada

C-17 -- ((Recibimiento a Barberán y Collar) -- Indeterminada

C-18 -- (Recibimiento a Barberán y Collar)) -- Indeterminada

C-19 -- (Recibimiento a Barberán y Collar) -- Indeterminada

C-20 -- (Imagen de una carroza en recordación del vuelo de Barberán y Collar) -- Indeterminada

C-21 -- Recuerdo del vuelo Cuba-España – 1936 – Por el Teniente Aviador de la Marina Constitucional Cubana Antonio Menéndez Peláez – Obsequio del Ron Havana Club -- Ron Havana Club

 C-22 -- Tte. Menéndez – Manuel Naranjo R. – El Héroe – y su – Mecánico – Recuerdo de la cervecería Polar al Pueblo de Cuba --  Indeterminada

C-23 -- El Vuelo de Camagüey a Sevilla – Cuba devuelve a España las visitas de sus heroicos aviadores – Teniente Menéndez Peláez de la Marina Constitucional que efectuó el vuelo desde Camagüey a Sevilla – La Gran Señora --  Indeterminada

C-31 -- Los Gloriosos Héroes Cubanos (Imagen de los cubanos que perecieron en el Vuelo Panamericano Pro-Faro de Colón) -- Indeterminada

C-41 -- Vuelo de la Srta. Carmen San Juan, Trinidad, 1920.  -- Indeterminada

C-42 -- Vuelo de la Srta. Carmen San Juan, Trinidad, 1920. (otra imagen) -- Indeterminada

C-43 -- Vuelo de la Srta. Carmen San Juan, Trinidad, 1920. (otra imagen) -- Indeterminada

C-44 -- Vuelo de la Srta. Carmen San Juan, Trinidad, 1920. (otra imagen) -- Indeterminada

D-01 -- (Imagen de un grupo de personas junto a un avión antiguo) -- Indeterminada

D-02 -- (Imagen de una multitud de personas observando el vuelo de un avión) -- Indeterminada

D-03 -- (Imagen de un avión volando sobre palmas reales) -- Indeterminada

 D-04 -- (Imagen de un avión volando sobre un campo) --  Indeterminada

D-05 -- (Imagen de un avión en vuelo bajo nubes tormentosas) -- Indeterminada

D-06 -- Campos de Eliceo – Zona del Vedado – La Habana - 1925 -- Indeterminada

D-07 -- Aeroplano Goliat -- W. Valdés – No. 20

D-11 -- Corsarios cubanos – Manatí – Nov. 28 – 1929 - Manatí -- Estudio Zoraida – De R. M. Silva – Manatí, Oriente, Cuba

D-12 -- Nov. 28-929 – Vought “Corsair” – Armada cubana – Central Manatí -- Indeterminada

(Estudio Zoraida – De R. M. Silva – Manatí, Oriente, Cuba)

D-15 -- Hidro-aeroplano Curtis, de la escuadra americana, que hizo el vuelo Caimanera-Santiago. Marzo 1913 -- Indeterminada

D-16 -- (Imagen del hidro-aeroplano Curtiss, en marzo de 1913) -- Indeterminada

D-17 -- (Imagen de un hidro-aeroplano en la bahía de Antilla, Oriente) -- Amado Proenza – Fotógrafo

D-18 -- Santiago de Cuba – Vista parcial desde El Malecón -- Indeterminada – No. 75

D-21 -- Recuerdo de la visita al Puerto de Boniato – Altura 1375 pies sobre el nivel del mar – Santiago de Cuba -- Indeterminada

D-24 -- Pan American Airways Inc. – Air Mail and Passengers leaving Havana for Key West -- Capote y Diez, Barnet 68, Habana

D-25 -- U.S.Mail – Cuban Mail – General New – Col. Charles Lindbergh in Havana Feb 12 1928 -- Capote y Diez, Barnet 68, Habana

D-30 -- (Imagen de una yunta de bueyes junto a un avión de la Compañía Nacional Cubana de Aviación) -- Indeterminada

D-35 -- (Imagen de un grupo de personas junto a un avión del Servicio Cubano de Aviación) -- Indeterminada

D-36 -- (Imagen de un avión del Servicio Cubano de Aviación) -- Indeterminada

E-01 -- (Imagen de un avión accidentado) -- Compañía Litográfica de La Habana

E-02 -- (Imagen de un avión accidentado) -- Indeterminada

E-03 -- (Imagen de un grupo de personas alrededor de un avión accidentado) -- Indeterminada

E-04 -- “Santa Librada” (Guanabacoa) – Avión Garza  39 C. accidentado el 16 de febrero de 1930 perecieron Piloto Burckhardt  y Sr. Bueno C. -- Indeterminada

F-01 -- (Imagen de un hombre piloteando un modelo de biplano Curtiss) -- Indeterminada

F-02 -- (Imagen de un hombre piloteando un modelo de biplano Curtiss) -- Indeterminada

F-03 -- (Imagen de un hombre y una mujer sentados en un modelo de biplano Curtiss sobre la ciudad) -- Indeterminada

F-04 -- (Imagen de una mujer y dos niños, de Camagüey,  sentadas en un modelo de biplano Curtiss) -- Indeterminada

F-05 -- (Imagen de un niño junto a un modelo de monoplano) -- Indeterminada

F-06 -- (Imagen de un hombre y un niño montados en un modelo de monoplano) -- R. Valle – Fotógrafo – Cienfuegos

F-07 -- (Imagen de un hombre montado en un modelo de monoplano) -- Indeterminada

F-08 -- (Imagen de una mujer montada en un modelo de monoplano) -- Indeterminada

F-09 -- (Imagen de un hombre montado en un modelo de monoplano) --

F-10 -- (Imagen de tres personas que asoman sus cabezas por las ventanillas de un modelo de dirigible) -- Indeterminada

G-01 -- Aereopuerto Internacional, Rancho Boyeros, Habana, Cuba -- E. Ribas – Galiano 466 – Habana, Cuba – Nos. 4 y K3430

G-02 -- Rancho Boyeros Air Port, Havana, Cuba -- Published by Roberts & Co., Havana, Cuba – No. 20726N

G-05 --  Aeropuerto “José Martí”, Rancho Boyeros, Habana, Cuba -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba – No. 914

G-06 -- Terraza en el Aeropuerto “José Martí”, Rancho Boyeros, Habana, Cuba -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba – No. 915

G-11 -- Aeropuerto J. González , Cienfuegos Cuba -- Indeterminada

G-12 -- Aeropuerto de Cienfuegos -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba – No. 980

G-15 -- Aeropuerto Internacional Ignacio Agramonte, Camagüey, Cuba -- Published by Roberts Tobacco Co., Neptuno No. 167, Havana, Cuba – No. RTC-44

H-01 -- (Imagen de un avión Super “G” Constellation de Cubana de Aviación  sobre La Habana) -- Litho in U.S.A. – No. P20691

H-02 -- (Imagen de un avión Super “G” Constellation de Cubana de Aviación sobre La Habana) (Con siglas y emblemas de un radioaficionado) -- Litho in U.S.A. – No. P20691

H-03 -- (Imagen de un avión Constellation L-049 de Cubana de Aviación) (Con siglas y emblemas de un radioaficionado) -- Litho in U.S.A.

H-05 -- (Imagen de un avión Viscount de Cubana de Aviación sobre La Habana) -- Litho in U.S.A. – No. P20690

H-07 -- Fly Q Airways to Havana, Cuba (Imagen de un avión C-46 de Aerovías “Q” tomando pasajeros en el Aeropuerto de Cayo Hueso) -- Colorphoto by Robert F. Wasman – No. 14623

H-10 -- (Imagen de un avión Britannia de Cubana de Aviación) -- Arti-Krome por Artes Gráficas, S.A., Habana

H-15 -- (Imagen de un avión Clipper Super-6 de Pan American Airways) -- Litho in U.S.A. – No. LAD-A656-55

H-16 -- (Imagen de un avión Clipper DC-7B de Pan American) -- Litho in U.S.A. by Mercury Litho, Miami, Fla. – No. LAD-M-253

H-17 -- (Imagen de un avión Jet Clipper Boeing 707 de Pan American) -- Litho in U.S.A. by Mercury Litho, Miami, Fla. – No. LAD-M-326